Campaña Mordheim 2016, Turno 0 | Niebla en el cementerio

-No estábamos preparadas.

La voz era queda pero la novicia oyó la frase perfectamente. Por un momento, no supo si la Hermana Hildergard se dirigía a ella. Aunque estaban solas en la celda de la Hermana Superiora, la novicia sintió que ‘Grosse’ Hildegard hablaba para sí.

– No estábamos preparadas y nos ganaron por la mano.

La novicia sabía que refería a lo ocurrido el día anterior, en el cementerio de Mordheim. La niebla había bajado y la Ciega Zara había percibido… algo. Un pequeño grupo de las mejores Hermanas de Sigmar, apodadas Vindicadoras, se dirigió tan rápido como pudo al camposanto.

– Llegamos antes que nadie. Nos desplegamos a una distancia prudencial del lugar y creo que ahí fue cuando perdimos toda ventaja. Los asquerosos skaven entraron en cementerio en menos que canta un gallo. No sé cómo lograron desplegar a sus fuerzas tan cerca de nuestro objetivo, pero así fue. Creo que les ayudó la espesa niebla cubría la necrópolis, síntoma inequívoco de que oscuras fuerzas operaban aquel día. Esas ratas son rápidas, muy rápidas, y se les dan bien los subterfugios, así que te puedes imaginar que, después de sus madrigueras, la niebla es lo más parecido a su hábitat natural que existe.

despliegue cementerio de mordheim
Hermanas desplegando primero, skavens desplegando mejor

La novicia, que había entrado en la austera celda de ‘Grosse’ Hildegard a llevarle el almuerzo, acercó la escudilla con el alimento a su superior. Sopa de berros y patatas. La dieta de las Hermanas de Sigmar no había empeorado con la caída del Cometa porque elevar el espíritu a través de la mortificación del cuerpo incluía una dieta parca, como aquella. ‘Grosse’ Hildegard se incorporó en la cama con un gemido. Agarró la escudilla y en dos parpadeos dio buena cuenta de la comida. Tendió el recipiente vacío a la novicia y continuó:

– También había un grupo de hombres. Reiklandeses. Entre sus filas, atisbé a un asesino, probablemente extranjero. No son como esos engendros del mal, mitad rata, mitad humano, pero no creas que me fío de esa panda de mercenarios. ¿Quién crees que me dejó postrada en esta cama durante todo el condenado día? ¡Ellos!

La novicia asintió. Había charlado brevemente con las hermanas Franka y Klara Reinheitbringer, que habían acompañado a ‘Grosse’ Hildegard, la Ciega Zara y la líder de la patrulla, Imperator Furiosa, a la fallida misión. Ninguna de las hermanas le dejó claro si la niebla había hecho que ‘Grosse’ Hildegard confundiese a los reiklandeses con skavens o si había cargado contra los soldados a propósito, pero ambas le confirmaron que fue Hildegard quien se metió en el jaleo por iniciativa propia.

cementerio de mordheim
Skavens controlando desde lo alto el cementerio, zombis bastante masacrados, reiklandeses en buena posición antes de la retirada precipitada y enfrentamiento entre las hermanas de Sigmar y los reiklandeses en la puerta del cementerio

– Tampoco ellos tuvieron demasiada suerte. Entre la bruma, escuché cómo uno de sus soldados gritaba, perdido, buscando a tientas a sus compañeros. La Ciega Zara dice que su hombre santo, un clérigo de Sigmar bien conocido por las hermanas, sufrió un tajo bastante feo al intentar entrar al cementerio trepando la verja que lo circunda. Es ese maldito Priester Tod, por lo que imagino que es su buen amigo el Capitán Martin el líder de la banda. Para colmo de males, para ellos, algo sucedió muy poco tiempo después de nuestro encontronazo, pues se marcharon de allí tras escuchar una tajante orden de su capitán, poniendo una alfombra roja a los roedores gigantes, que nos ganaron la partida. Por supuesto que no creo que estén compinchados con las ratas pero… ¿quién puede fiarse de nadie, en estos tiempos oscuros?

‘Grosse’ Hildegard apartó las sábanas de su jergón, dejando a la vista su cuerpo, ancho como una mula. Se sentó al borde de la cama y empezó a retirarse las vendas, manchadas de sangre reseca, del torso. La novicia no había visto jamás a nadie recuperarse de una convalecencia tan rápido como a la hermana Hildegard, pero también es verdad que no había ninguna otra hermana como Hildegard.

– Cuando por fin entramos en el cementerio, los skaven se habían hecho con el control del terreno desde las alturas. Sobre la cripta principal pude ver sus ojillos rojos, e intuí los chillidos en lo alto del murete que lo bordea. No tuvimos mucho tiempo para observar, porque dentro de la tapia del camposanto los muertos habían vuelto a la vida. Los skaven los estaban apedreando y las hermanas Reinheitbringer, Sigmar mediante, purificaron a un par de ellos.

skavens cementerio de mordheim
“Los skavens controlaban desde las alturas el cementerio”

La novicia, que sabía que Reinheitbringer significa ‘las que traen la pureza’, podía imaginarse muy bien a Klara y Franka aplastando cráneos y hundiendo cajas torácicas con sus gigantescos martillos bendecidos por Sigmar. ‘Grosse’ Hildegard, ya en pie, había empezado a vestir de nuevo su armadura.

– Para aquel entonces yo ya estaba fuera de juego. Esos malditos reiklandeses me hicieron polvo, aunque gané tiempo para el resto de las hermanas. Ese es mi trabajo, ¿no? Según me contó la Ciega Zara, percibió cómo los skaven se hacían con la piedra bruja que se había acumulado del cementerio y, después, salieron por patas. Cómo odio a esas ratas, cobardes y monstruosas. ¡Y ahora tienen en su poder cuatro, cinco o puede que más pedazos de ese horror llegado de los cielos! Constatado el fracaso, las hermanas volvieron a por mí y me arrastraron hasta aquí, como pudieron.

La novicia sabía que entre tanta decepción, había algún rayo de esperanza. En el camino de regreso al Templo de Sigmar, la Ciega Zara había guiado a sus compañeras hasta un carromato abandonado donde encontraron un mapa de Mordheim. La Matriarca había asegurado que, en cuanto confirmasen su veracidad, les iba a ser muy útil.

‘Grosse’ Hildegard, apoyada sobre su escudo, miraba ahora a través del minúsculo ventanuco de su celda, por el que hacía mucho tiempo que apenas sí entraba la luz maldita de la ciudad destruida.

– Escúchame bien, jovencita. Esto empieza ahora. He aprendido. He aprendido de la forma más efectiva, por las malas. Ya no le temo a nada. La furia de Sigmar caerá sobre nuestros enemigos, que son Sus enemigos, y purificará esta tierra baldía. Nosotras seremos Sus instrumentos, y nosotras seremos nuestros Martillos. Prepárate, prepárate en cuerpo y alma, porque tú y otras novicias purificaréis también esta tierra. Algo se está removiendo en las entrañas de este infierno y nosotras impondremos nuestra venganza. Por Sigmar, vindicaremos Mordheim.

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