La novela corta No hay tierra donde enterrarme de María Bonete vuelve a confirmar que la editorial Episkaia está remoloneando antes de convertirse en el faro que nos guiará, esperanzadoramente, hacia el futuro (cercano) de clima cambiado. Por ahora, no les quedan masibones, solo páramos y lluvia ácida en un futuro oscuro donde hay al menos una guerra.

Y no me parece mal, sobre todo si la sensación de ir hasta el cuello de fango está tan lograda como en esta ocasión. Creo que es lo más potente de No hay tierra para enterrarme, la atmósfera, que combina muy bien con el «murder mistery» que desarrolla la historia. Sí, hay un misterio (una muchacha desaparecida), pero es la promesa de un slasher (que nunca llega) lo que me ha invadido durante las páginas de la historia.

Ya se han comentado (la editorial, la propia autora) algunas referencias u obras que han influido o que pueden tener relación con esta, desde las más obvias (Una cita de Cumbres borrascosas abre el libro) a otras menos explícitas (Sherlock Holmes). A mí me ha recordado a la construcción de la tensión de historias tipo Evil Dead o ese momento en Identity en el que se dan cuenta de que una fuerza extraña les impide alejarse del motel en el que están atrapados. Pero sin que luego haya matanza, solo el fantasma de la matanza. Gótico climático, como dice Adrian.

Una historia Grimpáramo

Olvidaos de imaginar mundos mejores (en esta ocasión), esto es ficción climática pero de la jodida, GRIMPÁRAMO: las protagonistas son dos huérfanas (y la directora del centro) atrapadas en un internado para chicas donde conviven con otras descastadas forzosas. Aunque parece que nunca pasa nada allí, en medio de la nada, pronto descubrirán que la residencia tiene algún esqueleto en el armario y, para mayor estímulo, el tema del presidiario que se ha escapado de una cárcel cercana amenizará las veladas porque, en fin, solo tendría que cruzar el páramo para llegar hasta ellas.

Una historia corta y oscura, pero no bajonera al estilo de las distopías que últimamente crecen como Amanitas Phalloides sino, más bien, opresiva como un perpetuo cielo plomizo que promete tormenta, pero la tormenta no llega a estallar nunca. A María Bonete ya la habíamos leído en otro libro de Episkaia, Estío, que también recomiendo.

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