“—Todos ustedes, bots”. ¿Tecnooptimismo? ¡No, gracias!

Uno de mis relatos favoritos del escritor polaco de ciencia ficción Stanisław Lem es ese en el que encargan a Ijon Tichy descubrir qué ha pasado con un computador superavanzado: se ha rebelado contra sus creadores, fundando un planeta exclusivamente habitado por robots hostil, por supuesto, hacia la humanidad.

La gracia está en que cuando Tichy llega al planeta, y después de varias peripecias, descubre que los robots que habitan dicho planeta son, en realidad, humanos que han ido ocultándose del computador, disfrazándose de robots para evitar represalias. En su afán de pasar desapercibidos, son temiblemente beligerantes contra los seres humanos, más papistas que el papa eléctrico. Al final, por supuesto, se descubre que el tiránico ordenador antihumanos original es, desde el principio… un humano.

El cuento es muy divertido y tiene mucha más punta que sacar que este escueto resumen, pero me quedo con esa parte porque pienso mucho en ello cada vez que leo o escucho cosas sobre “algoritmos” o “bots”, esos entes casi abstractos, “cosas”, que protagonizan titulares día sí y día también: los algoritmos nos van a quitar el trabajo, los algoritmos hacen que los niños vean vídeos nazis en Youtube, el partido político españolísimo Ciudadanos tiene un ejército de bots en Twitter para que parezca que son más de los que realmente son

¡El pan nuestro de cada día!

Este texto que estás leyendo bien podría tratar sobre que hay que pedir cuentas no a los bots y algoritmos sino, como en el cuento, a quienes están detrás de ellos, a quienes los han creado y a quienes se ocultan tras fórmulas matemáticas para no asumir consecuencias de sus actos.

Pero va a tratar sobre otra cosa.

Pesca de arrastre con redes sociales

No seré yo quien diga que los chavales de ahora es que están tontos con tanta pantallita, pero tampoco voy a dejar de decir, todo lo alto que pueda, que las redes sociales están desarrolladas para que nos resulten adictivas y, en consecuencia, tienen grandes probabilidades de machacarnos la salud y lo que no es la salud.

Si quieres fuentes sobre esto, tienes todas las que quieras.

Por supuesto, las redes sociales también han ayudado a gente.  Es innegable: grandes iniciativas han surgido de ellas, se han salvado vidas, y miles y miles de personas con dificultades para establecer relaciones han logrado hacerlo gracias a usar Twitter o Facebook para unirse con otras a miles de kilómetros.

Podríamos describirlas como la forma avanzada (o sea, posterir en el tiempo) de las relaciones epistolares. ¿Por qué no? Sin embargo, todas esas repercusiones positivas son daños colaterales. “Bugs”, por así decir. Las redes sociales pueden ser estupendas, pero la idea que manejan a día de hoy los desarrolladores y altos cargos, últimos responsables, de las redes sociales más exitosas no es esa. No quiere crear herramientas para ayudarnos, aunque todo su marketing y relaciones públicas se basen en esa premisa; lo que buscan ahora mismo es que pasemos el máximo tiempo en sus aplicaciones, para que así hagamos click en los anuncios.

Que hagamos click. En los anuncios.

Click.

En los anuncios.

Click.

En anuncios.

No hace falta trabajar en una agencia de marketing, que también, para darse cuenta de la invasión de anuncios y propaganda en cualquier red de mínimo éxito. Además, como con los medios de comunicación, parece que usamos diferentes apps pero, al final, todas pertenecen a las mismas (pocas) personas.

“Estamos construyendo una distopía a base de intentar que la gente haga click en anuncios” – Zeynep Tufekci

Las implicaciones que tienen estos “modelo de negocio”, como lo llaman ellos, son muchas. El vídeo que incrusto aquí es perfecto para explicar una de ellas. Si tenéis tiempo, os recomiendo verlo y leer a esta pensadora.

Si no tenéis tiempo, nos podemos quedar con el primer comentario que le han dejado: “People wonder why the political environment has been so polarized recently. It’s just a result of our online business models. Business is now the enemy of mankind, for it may bring upon our demise”.

La gente se pregunta por qué el ambiente político se ha polarizado tanto en los últimos tiempos. Es, simplemente, el resultado de nuestros modelos de negocio online. Los negocios son el enemigo de la humanidad ahora, porque pueden traer nuestra perdición

-SirMikeys en Youtube

Efectivamente, SirMikeys, pero yo aún diría más: no son “los negocios”, o por lo menos no son tan solo los negocios. Hacía referencia al principio de este artículo al ejército de bots de cierto partido político que juega a la polarización aunque luego dicen que no son ni de izquierdas ni de derechas, sino de C’sentro (comercial).

Seres humanos del mundo, ¡uníos!

¡Vaya panorama!

Para el común de los mortales, combatir en igualdad de condiciones esta Guerra de los Clones es una quimera. Como a Ijon Tichy, se nos plantea un problema a todas luces desconcertante, con todas esas cosas incomprensibles operando ante nosotros sin que siquiera podamos comprender su naturaleza.

Y nos da ansiedad, o la apatía sustituye cualquier tipo de iniciativa, porque “no se puede hacer nada”, “todo está perdido”. Como si los agentes del mal no fuesen también humanos (con un flujo de pasta y poder mucho mayor que el nuestro, eso sí).

Es absolutamente imposible conseguir la financiación que tiene un partido político de extremo C’sentro o jugar a “ganarle a Google” cuando cambia a placer y sin previo aviso las fórmulas que hacen que posicione y me recomiende vídeos de voces antifeministas porque he estado viendo vídeos de Anita Sarkeesian.

Además, el feed de Twitter o Facebook al que estamos enganchados no ayuda nada: las plataformas premian el salseo. ¿Piensas que se puede evitar que la gente cite tuits socarronamente? ¿Podremos tener debates sosegados algún día? ¡Claro que sí! ¡Ojalá nos escuchasen! ¡Twitter debería dar marcha atrás y desactivar esa funcionalidad que lo único que consigue es exponer a quien dice loque sea! Pero seguramente se habrán dado cuenta de que genera engagement, así no lo hará. Hale, a ver solo malísimas noticias, flames y al brasas de “Arden las redes” opinar sobre cualquier cosa, que es lo que da RTs y “genera conversación”. ¡Lo siento!

No os voy a decir que hay qué es lo que hay que dejar de hacer o qué es lo que hay que hacer, pero sí me gustaría señalar que hay otros mundos pero están ahí fuera, y os aseguro que Ijon Tichy no se convirtió en un robot para derrotar a los robots. En realidad, estas casi 2.000 palabras no las estoy escribiendo para ti, que me lees, sino primero para mí, porque necesito ponerme un poco en orden algunas ideas y, luego, si ves que algo te cuadra, entonces sí, es para ti.

Obviamente, las redes sociales sirven para cosas. Distintas cosas. También hay otra serie de cosas que sirven para otras cosas y no tienen lógica de tragaperras, ni están llenas de bots Ciudadaners. Se me ocurren, por ejemplo:

  • Cuando hay un deshaucio y la PAH lo anuncia por redes sociales, en lugar de hacer RT (o además de) puedo pasarme a echar una mano.
  • Lo más probable es que no pueds hacerlo porque tengo que trabajar y los deshaucios pillan lejos, pero no pasa nada, la PAH o el Sindicato de Inquilinas quedan también por las tardes y puedo ir a echar una mano con lo que necesiten.
  • A lo mejor no tengo ni idea de tema de vivienda y (todavía) no me afecta, pero no pasa nada: cuando hay festivales como el AnsibleFest, que están marcando la tendencia,  voy a disfrutar de ellos.
  • Si el AnsibleFest me ha pillado muy lejos de Bilbao, no pasa nada: puedo hablar de ello a mis allegados, sobre todo aquellos que no sabían que existen los festivales feministas de ciencia ficción. ¡Así doy a conocer espacios nuevos, donde pensar de forma diferente!
  • A lo mejor no me gusta la ciencia ficción pero sí otro tipo de lecturas. Pruebo a apoyar a autoras emergentes y autoras consolidadas comprando sus libros en lugar de seguir apostando por los mismos autores de siempre.
  • Tampoco hace falta leer si no quiero, o no me gusta. Dejemos de lado la cultura: a lo mejor vale con que vaya a alguna manifestación que crea importante, por ejemplo por la sanidad o la escuela pública, o la manifestación feminista del 8 de marzo, o ahora que lo tenemos cada vez más presente, contra el cambio climático.
  • Si no quiero o no puedo hacer eso, siempre puedo ir a votar, que es una cosa que no suele suponer un gran esfuerzo. Hay partidos ahí fuera que no son Vox, y no va a ser mala cosa que Vox quede fuera del Parlamento.
  • Si no tengo edad o no creo en la democracia vía voto-cada-cuatro-años, no pasa nada: votar es una cosa que se hace un par de veces cada 4 ó 5 años. Puedo apuntarme a alguna asociación de vecinos en el barrio y ayudar a la gente joven y a la gente mayor que vive junto a mí.
  • Hay muchas iniciativas estilo Asociaciones Vecinales. ¡Me informo y hago de mi barrio un sitio mejor!
  • A lo mejor socializar se me hace bola, y es comprensible. Siempre puedo ir a casa de tus padres de vez en cuando y conversar con ellos de los temas que les preocupan, para que su única fuente de información sobre qué pasa en el mundo no sea la Cope o La Sexta.
  • ¿Paso mucho tiempo en el trabajo? ¿He pensado en hablar con mis compis y ver cómo podemos tratar de mejorar nuestras condiciones? ¡Se ha conseguido muchas veces antes! ¡Por qué no intentarlo!
  • Sigo usando redes sociales, ¡por supuesto! Sirven para unir, y lo que ha unido Internet que no lo separe un post random (en el mismo internet).
  • Tampoco hace falta que haga nada activamente todo el rato, pero si veo que alguien es racista en el metro, podría llamarle la atención. Un mínimo, ¿verdad?
  • Si eso me parece arriesgado, seguro que se me ocurre alguna forma de hacer que el mundo sea un poquito menos malo de lo que es ahora mismo para todo el mundo.
  • Y una cosa que me ayuda mucho: siempre miro a ver, porque hay mucha gente intentando hacer cosas buenas y eso me pone de buen humor.

Si te fijas, casi todas las propuestas anteriores tienen que ver con relacionarnos activamente, de un modo o de otro, con la gente de nuestro alrededor; de hacer piña y tirar palante, de ayudar aquí y allá, de volver a algunas cosas básicas que a veces se olvidan, cosas que no pueden hacer los bots, ni los algoritmos, porque ni los bots ni los algoritmos nos van a salvar (¿Tecnooptimismo? ¡No, gracias!), pero, con un poco de suerte, tampoco serán quienes nos condenen.

En realidad, también puedo no hacer absolutamente nada de lo anterior. Al fin y al cabo, ¿qué impacto tienen las decisiones y acciones personales individuales? Ante esta pregunta, solo me queda recordar a un chaval joven, que estaba empezando: Frodo Bolsón (y Gollum, claro), que era el más insignificante de todos y sin embargo el camino que recorrió fue decisivo… y no lo recorrió solo, sino con ayuda de sus amigos.

Pinto mal, pero pinto: ser un wargamer mediocre hoy

Mi amigo el Ollero me regaló por mi cumpleaños una miniatura muy curiosa: la bárbara cazadora de hombres de Avatars of War esculpida por Felix Painagua.

Es esta:

manhunter cazadora de hombres avatars of war

La verdad es que no sé muy bien qué criterio utiliza el Ollero para traerme según qué miniaturas, pero yo creo que, si fuese un diagrama de Venn, se encontraría justo en “las miniaturas que le gustan al Ollero” + “Las miniaturas que el Ollero cree que me pueden gustar“.

La verdad es que el tío acierta.

La Cazadora de hombres me parece, en verdad, una miniatura muy buena. Me encanta el pelo y la expresión de la cara, y las dos hachas son un toque interesante. Como es una mini a escala “heroica” (o sea, que algunas partes no están a proporcionads, para que resalten más) precisamente el cabezón y las hachazas son lo que más destaca, junto con la capa. Me parece un acierto porque evita así el escultor una sonrojante sexualización totalmente innecesaria.

Es cierto que no lleva lo que conocemos por “armadura funcional”, pero la verdad es que no veo yo a la Cazadora de hombres yendo de frente contra dos o tres lanceros, sino más bien esperando el momento adecuado para emboscar, valiéndose del factor sorpresa para alojar sus hachas en cráneos desprevenidos.

Estos son mis avances con ella:

cazadora de hombres 1 cazadora de hombres 2

Además de no saber pintar, tampoco sé tirar fotos.

Ye lo que hay.

Pinto mal, pero pinto: una especie de manifiesto

En realidad, cuando digo que pinto “mal” sé que solo tiene sentido si se me compara con alguien que pinte mejor que yo.

Cuando estoy solo en mi habitación dándole a los pinceles, pinto. Ni bien, ni mal. Pinto.

Me gusta pintar. Me lo paso bien. Es divertido. Me resulta divertido. Me hace liberar humores de felicidad.

Me ayuda a olvidarme de que paso 8 horas al día mirando al ordenador intentando que otra gente gane más dinero del que ya está ganando.

Me resulta relajante. Cuando estoy muy estresado, meterme en una red social a ver qué mierda ha dicho el tontobaba de turno me hace más bien mal. Me hace pupa. Pero intentar que mi Cazadora de hombres (todavía no tiene nombre, pero me inclino por alguno de inspiración íbera rollo Hilmice, que fue una princesa de Oretania, actual La Mancha) cobre un poquito de vida, imaginar aventuras fantásticas en las que hace todo lo que yo no puedo hacer.

Solo puedo saber que pinto “mal” si alguien pinta “bien”, y para que alguien pinte “bien” tenemos que tener por lo menos una noción medianamente objetiva de qué es “bien” para poder decidir si algo cumple o no con los parámetros que hacen que eso esté, efectivamente, “bien”.

Diría que tenemos derecho a ser mediocres, pero la verdad es que se me queda un poco corto. ¡Claro que tenemos derecho a ser mediocres con nuestros hobbies! Pero si es un hobby, me animo a decir, es imposible ser mediocre, igual que es imposible ser genial. Si es un hobby, no puedes ser #number1 ni farolillo rojo, porque no es una competición, y jamás lo será.

Las aficiones tienen valor en sí mismas, y aunque algunas aficiones pueden ser competitivas, en realidad están, al menos en origen, fuera de esa lógica. Nadie pinta mejor que yo si no me dejo arrastrar a una odiosa comparación, me arrastren desde fuera o me arrastre yo mismo.

Así que pinto y me lo paso de lujo, y la verdad es que me gustaría que no se me mezclasen los colores todo el rato, y saber dar luces para resaltar ciertas partes de los muñecos, pero eso es algo que todavía no he conseguido.

Cuando lo consiga, seguramente no se enterará nadie.

 

Augurio

La augur Noctiluca, que se había arrancado los ojos y los había arrojado al lago para ver con mayor claridad, despertó aquella madrugada sobresaltada por los vigorosos golpes con los que llamaban a su puerta.

Se sentó a los pies de la cama, bostezó y tanteó hasta encontrar el tabaco que había liado, previsora, la noche anterior. No le había dado tiempo a colgárselo de los labios cuando volvieron a reclamarla a trompazos. Una voz amortiguada se coló en la casita.

—La Dama os requiere tan pronto como sea posible. Necesita de vuestra visión.

Prendió el cigarro. Con la primera calada, columbró un asunto grave. Habrían esperado a que amaneciese si no lo fuese.

—¿Qué es lo que pasa?

—La Dama desea tener en cuenta vuestra pespectiva. Desconoce la naturaleza de cierto acontecimiento, acaso buen o mal augurio.

Silencio, otra calada y de nuevo desde el exterior:

—Hay tormenta en el páramo, y el viento sopla en nuestra dirección.

La bruja exhaló, el misterio resuelto.

—Mal augurio, pues.

“Hopepunk”: un enfoque optimista para la fantasía y la ciencia ficción

Si no lo nombras a lo mejor existe, pero no existe tanto como si lo nombras.

Hoy hablamos de Hopepunk.

Y me dirás: eso qué es lo que es.

¿Qué es el hopepunk?

Bien, no es fácil dar una definición de hopepunk, pero por intentarlo que no quede:

El hopepunk es una manera, una intención, un enfoque a la hora de contar historias que se caracterizan por ser optimistas, positivas y llenas de fuerza y energía.

O sea: no es un género literario, exactamente, es otra cosa: un estilo contrapuesto al grimdark (el grimdark, como ya sabes, son aquellas historias en las que parece que Vamos A Morir Todos, como lo que podemos ver en Black Mirror, por ejemplo. Grim significa “crudo, desalentador” y dark significa “oscuro”, así que imagínate. Warhammer 40K tiene la culpa).

Así, bajo la etiqueta hopepunk encontramos historias de ciencia ficción, fantasía o terror cuyo tono general evoca la esperanza en momentos difíciles, en respuesta a todas aquellas historias donde parece que todo está perdido.

¿Cómo surge el hopepunk? Se trata de un concepto acuñado en Tumblr por la autora Alexandra Rowland

Citemos a las fuentes originales:

Hopepunk says that genuinely and sincerely caring about something, anything, requires bravery and strength. Hopepunk isn’t ever about submission or acceptance: It’s about standing up and fighting for what you believe in. It’s about standing up for other people. It’s about DEMANDING a better, kinder world, and truly believing that we can get there if we care about each other as hard as we possibly can, with every drop of power in our little hearts.

Going to political protests is hopepunk. Calling your senators is hopepunk. But crying is also hopepunk, because crying means you still have feelings, and feelings are how you know you’re alive. The 1% doesn’t want you to have feelings, they just want you to feel resigned. Feeling resigned is not hopepunk.

En román paladín: el hopepunk dice que preocuparse genuina y sinceramente por algo, por lo que sea, necesita valentía y fuerza. El hopepunk no va de sumisión o aceptación, sino de enferntarse y luchar por algo en lo que crees.

Ir a una manifestación es hopepunk, y llorar puede ser hopepunk porque eso quiere decir que tienes sentimientos. El 1% no quiere que tengamos sentimientos, solo que nos sintamos resignados. La resignación no es hopepunk.

O sea, que en contraposición con esas historias donde TODO LO QUE PASA ES MALO y los personajes son malos, oscuros, siniestros porque “no les queda otra”, hay otras historias donde los personajes deciden intentar dar lo mejor de sí mismos, a pesar de que todo sea una bosta.

Más o menos por ahí va la cosa.

Más definiciones, en este caso de las autoras Rocío Vega y Laura Morán:

Obviamente, el debate está vivo y querer encorsetarlo no va a poder con él, así que más os vale decidir si pensáis que en si hay algo más que guerra en el lejano futuro… o no.

¿Hay un listado de relatos o películas hopepunk?

Como este estilo o subgénero está todavía en pañales, es difícil hablar de un canon hopepunk, pero tal vez pronto podamos mostraros aquí una lista de ficciones positivas y optimistas.

Por lo pronto, sabemos que se hizo un pequeño concurso llamado Nido de relatos I: Hopepunk.

Las ganadoras fueron:

1º premio: “Caída” de MJ Ceruti.

2º premio: “Invisibles” de Laura Morán Iglesias.

3º premio: “Ascensión a la Luna en Magicalea” de Eduardo Norte.

Mención de honor: “Trasplante” de David Pierre.

Referencias

En castellano

En el blog de Laura Morán Iglesias: https://lauramoraniglesias.com/2017/09/07/hopepunk-de-que-va-este-genero-y-por-que-es-tan-interesante/

En inglés

El post original del que hemos hablado antes: http://ariaste.tumblr.com/post/163697878524/ariaste-ariaste-the-opposite-of-grimdark-is

Haciendo una lista de relatos hopepunk: https://forum.rpg.net/showthread.php?815384-Building-a-list-of-quot-HopePunk-quot-storytelling

hopepunk

 

Hay otros mundos, pero están lejos de este: ‘Gamusinos’ (Raquel Froilán) y ‘El informe Monteverde’ (Lola Robles)

Dos autoras, dos libros.

Dos aproximaciones diferentes a una idea: “cómo podría ser (y qué podría pasar en) el planeta habitado más alejado del Universo conocido”.

Dos historias de ciencia ficción / ficción especulativa recomendadísimas.

gamusinosGamusinos, de Raquel Froilán

El protagonista de Gamusimos sufre las consecuencias de un crimen que sí cometió: es “ascendido” a cubrir un puesto de atropólogo en un planeta del extrarradio plus ultra. No sé qué tipo de sociedad es esta en la que no te pueden echar y tienes que seguir trabajando sí o sí, pero me da muchísimo miedo.

El caso es que el castigo del individuo que se sale de la normal social es tan solo una excusa para obligar al pobre personaje a sufrir un larguísimo viaje hasta el sitio donde Cristo perdió el mechero, donde vivirá no tanto apasionantes aventuras sino más bien terribles situaciones, condenado a un exilio que, a priori, parece peor que la muerte.

Desde el título se puede intuir la querencia de la autora, Raquel Froilán, por la comedia, el humor y el cachondeo sano. Gamusinos es un libro divertido, con mucho humor negro pero también con un ritmo, una velocidad y unos giros (atención a los pasajes telepáticos) que a ratos hacen que parezca una (buena) sitcom de ciencia ficción.

Además, tiene uno de los elementos que más gracia me hace ver en una historia futurista: la caza deportiva, epítome de la masculinidad chunga (el hombre contra la naturaleza pero en desigualdad de condiciones, no vaya a ganar el animal. Como el toreo).

informe monteverde lola robles

El informe monteverde, de Lola Robles

La lingüista Rachel Monteverde viaja al planeta Aanuk, el “Planeta Paraíso” por su clima y paisaje. El interés de Monteverde es conocer y estudiar la cultura e idiomas de los dos pueblos que habitan Aanuk: uno tribal y nómada, otro ciego y recluido en cuevas.

Si a veces es difícil entender a la gente en nuestro mismo idioma, imagina hacerlo con alguien de un planeta que está en los confines de la galaxia, el último habitado por seres (que podemos entender que son más o menos) humanos.

El informe Monteverde es bonito, suave, ligero como la hoja que cae y planea un poco antes de aterrizar en un lecho de otras hojas que ya habían caído aunque el otoño solo acaba de empezar.

Lola Robles te sonará de Yabarí o En regiones extrañas: un mapa de la ciencia ficción, lo fantástico y lo maravilloso.

Y ahora, una canción

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Is where I want to be
But I guess I’m already there

La Compañía Amable, fantasía rolero-andalusí LGBT+ de Rocío Vega

La Compañía Amable es el título bajo el cual Rocío Vega ha publicado una serie de relatos de fantasía (medieval, épica, de clara influencia D&D-rolera) ambientados en una suerte de Al-Ándalus con demonios y elementales, repleto de poderosas hechiceras que obtienen su poder de tatuajes, protagonistas LGBTQ+, aventureras veteranísimas con más apechusques que nadie y morreos y violencia a espuertas.

Se pueden leer, por un euro al mes, en el patreon de Rocío Vega y a partir de su publicación por parte de la Editorial Cerbero este mismo mes de julio, en formato libro físico.

Fantasía LGBT+ con sabor a taifa

Las historias de La Compañía Amable son de lo más fresco que tenemos entre manos en cuanto a fantasía nacional.

Personalmente, estoy un poco cansado de leer todo el rato lo mismo: enanos y orcos, el camino del héroe, la damisela en apuros…

Nada de eso aparece en estos relatos.

No más elfos guapos y melancólicos, no más bárbaros hipervarolines, no más elencos 100% heterosexuales, no más ambientaciones anglo-germano-célticas. ¡Ya tenemos muchas cosas de estas! Ninguna copia barata de Merlín o Gandalf: ahora estamos a otras cosas.

Lo explico con un ejemplo.

El primer relato de la saga marca el tono y los temas de lo que vendrá después. En él se nos presenta a dos de las integrantes de la Compañía, ya mayores, con sus años mozos pasados.

Dalika, la clériga, se reúne con Trig, la guerrera (que está bastante cascada físicamente, llena de cicatrices y con rodilla ortopédica para poder caminar, porque quien hierro mata…) para solicitarle ayuda: su hijo está metido en un marrón y va a necesitar del acero de su vieja compañera.

Aunque ha pasado tiempo y las cosas no son tan fluidas como cuando eran jóvenes y la Compañía la formaban cinco jóvenas, volverán a luchar mano a mano porque eso es lo que las (viejas) amigas hacen.

De hecho, el relato se llama Por una amiga (y podéis descargar el audiolibro de Por una amiga en Lektu, de gratelo -pago social, eso sí- para ir echándole una oreja).

Si sois fans del género, sabéis que las historias de fantasía crepuscular con la amistad como tema central no son lo habitual, menos todavía aquellas con un par de mujeres en el otoño de su vida como protagonistas.

Si sois fans del género, también habréis reconocido elementos clásicos, como las profesiones al estilo de juego de rol de los personajes (Dungeons&Dragons or not metal at all).

Rocío Vega demuestra, para quien necesitase demostración, que se puede escribir fantasía épico-rolera sin caer en tópicos machistas y tropos vistos mil veces.

Los códigos son los mismos pero la perspectiva es diferente, y eso lo cambia todo.

Relacionado:  Las señoras de Mandrigyn (o la espada y brujería que nació en una clase de defensa para mujeres)

Como comenta la propia Vega en esta entrevista concedida a David Pierre, “El género rolero-andalusí, que empezó como una broma (?) en una reseña de Fantaciencia pero que parece que está calando, sería algo así como la unión de los elementos clásicos de la fantasía épica y rolera (el guerrero, el mago, el clérigo, el pícaro, el bardo) y darles un meneo andalusí con elementos que, por sernos cotidianos, nos parecen raros. Cuando la guerrera de la historia no utiliza espada larga, sino una cimitarra, y para desayunar se zampa unas migas con chorizo en lugar de unas gachas con miel, se establece una especie de disonancia entre lo que se espera y lo que se conoce que a los fans les ha encantado“.

Vega, Jemisin y la nueva fantaciencia

No puedo evitar trazar una línea que va de La Compañía Amable a unas novelas que lo están petando desde 2016: la trilogía de La Tierra Fragmentada de la autora norteamericana N. K. Jemisin.

Vale, Vega todavía no ha ganado un Hugo ni un Ignotus, pero vamos a dejar por ahora el reconocimiento institucionalizado de lado. Jemisin y Vega son las hijas de Dungeons&Dragons, autoras herederas de la tradición “fantaciencia” que va de Robert E. Howard a Tolkien y llega hasta las múltiples copias de estos últimos que sufrimos disfrutamos actualmente.

Lo que estas y otras autoras están haciendo ahora es romper con los vicios a los que estos géneros nos tienen acostumbrados de un tiempo a esta parte.

No soy 100tífiko ni adivino pero apuesto 10 euros a que Jemisin, Vega o alguien de esta nueva quinta de escritoras de ci-fi/fantasía se convertirá en lo mismo que fue Dungeons&Dragons en los 80, Tolkien y Le Guin en los 50-60 y Conan el Bárbaro en los 30: el punto de partida, el estándar, Lo Normal(tm).

Es decir: dentro de 30 años, habrá gente IMITANDO a estas autoras, ya consagradas, cogiendo ALGUNOS elementos de sus obras y REPITIENDO otros hasta la saciedad en la confirmación de un nuevo paradigma de la fantasía que, como la Quietud, el mundo donde se desarrolla la trilogía de La Tierra Fragmentada, solo está esperando que llegue el fin del mundo para destrozarlo todo y volver a empezar sobre sus ruinas.

Relacionado: Vencer al dragón

El origen de La Compañía Amable

La Compañía Amable nace de la mano de la iniciativa #LaOtraFantasíaMedieval:

Por si no lo sabíais, Laura Morán lanzó una convocatoria para una antología llamada #LaOtraFantasíaMedieval. Pretendía demostrar que el medievo no tiene por qué ser #medievoooo cuando escribimos fantasía. Si hay dragones y elfos, ¿por qué no hombres y mujeres que hacen lo que les da la gana sin tener que encajar en un rol artificial? ¿Por qué perpetuar la violencia contra las mujeres amparándose en que “la época era así” (spoiler: no, no lo era) cuando le damos mil vueltas a un sistema Sandersoniano de magia dura?

El párrafo anterior está sacado de un artículo del blog de Vega, que además explica mucho más sobre La Compañía Amable. Creo que vale con leer su artículo para terminar de decidirse a leer estas historias.

Universo extendido y obras derivadas

Y ahora, un bonus. Ya hay ilustraciones de La Compañía Amable, en este caso realizadas por Prez Conquero (podéis ver más de su curro, también no relacionado con la Compañía, en su cuenta de Twitter, @_prezart):

Hajira – Ficción climática distópica de Francisco Serrano

Hajira francisco serrano ficcion climaticEl cambio climático se nos viene encima desde hace muchos años. No dentro de cien, ni dentro de cincuenta, ni dentro de diez; hace años que lo vivimos. Como la rana que disfruta de un baño en una olla que se calienta progresivamente, es difícil darnos cuenta de hasta qué punto va a hacernos pupa.

En este contexto que todavía estamos descubriendo y entendiendo, empiezan a surgir manifestaciones artísticas y culturales que hablan, de un modo u otro, del calentamiento global, el calentamiento global, el caos climático, la desertificación y las inundaciones que vienen, y sus consecuencias para el ser humano.

Hajira es la novela corta de Francisco Serrano que publica la editorial independiente y comprometida Episkaia:

El huracán se acerca. Los diques de los Archivadores, ya por debajo del nivel del mar, no aguantarán mucho más. Hajira tiene 17 años, un pasado enturbiado, como el de tantos otros, por la Inundación, y una pistola. El huracán se acerca y ella, como tantos otros, va a tener que elegir.

Hajira es una novelette de ficción climática de Francisco Serrano situada en un futuro aproximadamente cercano, que sigue a una adolescente a lo largo de las horas en las que su vida cambia radicalmente.

Compra Hajira en la web de Episkaia

Ponle las etiquetas que quieras: ficción climática, distopía, ciencia ficción, ficción especulativa. Lo que no es, es una novela utópica, o solarpunk, o hopepunk. Es jodida, jodida al estilo de Juez Dredd paseándose por Mega-City 1 pero sin humor alguno (negro o no).

Si provoca un sentimiento esta novela corta es: La Bajona, específicamente la bajona que supone imaginar el ‘mundo’ en el que se desarrollan los acontecimientos. ¿El peor de los mundos posibles? Muy posiblemente.

No es que la distopía sea reprochable per se, simplemente asusta un poco que el imaginario de la ficción climática tenga tantos elementos apocalípticos.  A lo mejor Mad Max es un imposible, pero una Iberia (medio) sumergida con gente pobre que sigue trabajando a pesar de que es pobre es un mundo tangible hoy día al 50%.

Al margen de estas consideraciones (entiendo además que a fans de las distopías les parezca estupenda esta ambientación), la de Hajira es una historia de contrabandistas, bajos fondos, armas caseras, veteranos de guerras que aún no han ocurrido, drones-policía y abuelas podridas de pasta en mansiones protegidas por inteligencias artificiales. Combinación ganadora en manos de un autor que construye tensión y clímax muy, muy buenos.

A favor: estilo, ritmo, drones-policía, la protagonista.

En contra: La Bajona.

  • 96 páginas, 17×12 cm
  • Rústica, b/n, portada a color de Ío Wuerich.
  • Precio: 5,00€

Compra Hajira en la web de Episkaia

Frozen Crown – The Fallen King (2018)

Power metal italiano. Sí, lo sé. Dadle una escuchada, anda, que vais a quemar los discos de Helloween y no puede ser, algún recambio tendremos que tener, ¿no?

Destacable que la guitarrista, Talia Bellazecca, tiene tan solo 18 años pero ya es tremenda guitar hero.

Premios Ignotus 2018

Ese tuit que veis destacado sobre estas líneas forma parte de un comunicado en Twitter (sí, ¡el futuro era esto!) lanzado al ciberespacio por José Luis del Río, Presidente de la AEFCFT (Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror), con motivo de los Premios Ignotus 2018.

Cerrado el plazo para inscribirse en el censo que permite votar a las obras de Fantasía, Ci-fi y Terror, del Río explicaba en esta red social que ha habido mucho movimiento: se ha apuntado mucha gente al censo de los Ignotus 2018, más de la que esperaban, y lo atribuyea un “cambio generacional”, a “nuevas temáticas anteriormente inexploradas”.

¿Se reflejará en los resultados finales?

Si Fantaciencia votase en los Ignotus 2018…

…votaríamos varias cosas. Como no queremos dar la chapa, sí que nominaríamos a Mejor Publicación Web a La Nave Invisible. Ahí queda eso.

Por lo pronto, algunas de las nuevas editoriales surgidas en los últimos meses están haciendo campaña para dar a conocer sus novelas y autoras elegibles. Es el caso de la Editorial Cerbero y su MACROhilo:

Otras editoriales también se han animado a hacerse autobombo, como es lógico.

Los Premios Ignotus nunca han tenido la repercusión de un gran premio, ni literario de ninguna otra índole, y aunque intenten ser los Premios Hugo españoles todavía no tienen el empaque suficiente para que sean tan reconocidos, aunque fuese a nivel nacional, como tales.

¿Será este año 2018 el que finalmente los coloque en el mapa?

Seguiremos informando.

 

Sensitivity Readers o “Lectores sensibles/de sensibilidad”: qué son y por qué importan

Los lectores sensibles / de sensibilidad o sensitivity readers son la figura, dentro del sector editorial, que se encarga de asesorar a los escritores cuando escriben sobre temas que se escapan a su experiencia, especialmente en temas relacionados con las identidades (de género, culturales, sexuales, en cuanto a diversidad…).

Por ejemplo: una autora española que quiera escribir un personaje que es una mujer de la República Dominicana podría recurrir a una lectora sensible dominicana, que le asesoraría para que el personaje no cayese en los clichés y estereotipos en los que se suele incurrir cuando tratamos realidades que nos son ajenas.

Un lector sensible / de sensibilidad o sensitivity reader no dista mucho de un consultor, aunque está especializado, por así decir, en experiencias personales. Si un autora recurre a una experta en la Francia del siglo XV cuando va a ambientar su novela en la Francia del siglo XV, ¿por qué no recurrir a una persona en silla de ruedas cuando escribimos un personaje en silla de ruedas y nosotros no la empleamos?

En Estados Unidos, esta figura está asentada y existen bases de datos de lectores sensibles, que definen tarifas y las áreas donde te pueden ayudar a pulir tu manuscrito. En España, su presencia no está tan extendida ni profesionalizada (como sucede con tantas otras áreas del sector editorial) pero existen. En muchos casos, se trata de personas que realizan este trabajo de manera voluntaria o por amistad, por el mero hecho de ayudar a que la representación de la realidad de una obra sea lo más correcta posible.

El autor colombiano Piper Valca ha lanzado en su blog un llamamiento para construir una base de datos de lectores sensibles en español. Puedes visitar su blog en este enlace y encontrar más información.

Ejemplos donde actuaría un sensitivity reader

  • Representación errónea de personajes LGBTQ+
  • Representación errónea de enfermedades.
  • Representación errónea de la diversidad en su amplio sentido.
  • Representación de machismo, violencia machista o relaciones abusivas.
  • Representaciones racistas, xenófobas o etnicistas.
  • Imprecisiones culturales o históricas.

La tarea de los sensitivity readers no tiene tanto que ver con una supuesta “corrección política” sino con mejorar la calidad de las obras que llegan a sus manos. Por ejemplo: si un autor español quisiese escribir una novela de género negro ambientada en el Detroit actual sin conocer de primera mano la ciudad, es posible que cayese en tópicos raciales y que hiciese decir a sus personajes cosas como “negrata”, que es lo que las películas de Quentin Tarantino (y su doblaje) nos han enseñado. Un lector sensible de Detroit o conocedor de los giros lingüísticos de los habitantes de esa ciudad podría mejorar la novela, haciéndola mucho más precisa (y menos sonrojante) de lo que era en un primer momento.

chico con gafas leyendo un libro

Imagen: Pixabay.

En inglés (sacado de Write in the Margins):

What is a Sensitivity Reader?

A sensitivity reader reads through a manuscript for issues of representation and for instances of bias on the page.  The goal of a sensitivity reader isn’t to edit a manuscript clarity and logic, although that may be an additional service offered. A sensitivity reader reviews a manuscript for internalized bias and negatively charged language.  A sensitivity reader is there to help make sure you do not make a mistake, but they are also NOT a guarantee against making a mistake.

 

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