Las Hermanas de Sigmar (o cómo Games Workshop quiso hacer Mordheim inclusivo)

No sabéis la ilusión que me hizo encontrarme por casualidad con este podcast de wargamers donde entrevistan a un CREADOR…

[de los que no recordará la historia (probablemente), un diseñador de juegos, trabajo que ahora mismo se me hace incluso apetecible (si el yugo del asalariamiento y el Gran Capital no me pusiese la pierna encima para que no levantase cabeza, claro)]

…don (no sé cómo se dice “don” en finlandés) TUOMAS PIRINEN!!!!

*ovación cerrada* *se lanza un calzoncillo como muestra de aprecio erótico-festivo*

El podcast es largo, aviso. Yo me lo puse para ir a la compra y cocinar el fin de semana pasado. Os lo recomiendo si tenéis algún curro de cadena de montaje donde podáis estar hora y media sin que venga nadie a pediros nada:

La entrevista con Pirinen empieza hacia el minuto 25 y es muy interesante en cuanto a cómo se desarrolló el wargame que creó en 1999, Mordheim, que lleva 20 años danzando y cuya popularidad, si bien discreta, es incontestable dentro de la afición.

A partir del minuto 40, atención, la cosa se pone FEMINISTA.

Tuomas Pirinen explica la concepción de las Hermanas de Sigmar, una de las facciones que pueden jugarse en Mordheim y que está compuesta por una suerte de monjas guerreras armadas con martillos gigantes.

Os recomiendo escucharlo si os manejáis bien en el inglés, pero si no, y como puntos que me parecen interesantes, os comento que comenta que:

  • No querían una facción sexualizada, a pesar de que estuviese compuesta enteramente por mujeres y que eso, bueno, fuese lo habitual en estos casos.
  • Se crearon pensando en que las chicas pudiesen sentirse identificadas, de modo que fuese más sencillo participar en un hobby lleno de señores peludos (lo dice, de verdad).
  • Además, son una facción central en el juego, la única “originaria” de Mordheim y que, en cierto modo, hace que la trama avance, no son en ningún caso secundarias.

Esto ocurrió hace 20 años y, más o menos, esos tres puntos siguen siendo caballos de batalla habituales de la representación de personajes femeninos en la ficción de este principio de siglo.

Lógicamente, una facción de seis (en el Mordheim original) es, por decirlo así, escasa representación, pero nos sirve para ilustrar cómo Warhammer, un hobby que muy fácilmente puede asociarse con señores retrógrados, tiene, en realidad, muchos puntos de intencionada apertura igualitaria. No hay que olvidar que el origen de todo esto era muy satírico, radical y anti-Thatcher.

Coda: Pirinen también diseñó al personaje especial de las Hermanas de Sigmar, Bertha Bestraufrung, que, por cierto, tiene un nombre que me recuerda un montón a Bertha von Suttner, la segunda Nobel de la historia (después de Marie Curie), novelista y pacifista austriaca de principios de siglo XX.

Bertha von Suttner

NO VOTES GRIMDARK – Spot 10N Unidas Podemos #QuéFuturoQuieres

Resumen: el segundo spot de Unidas Podemos para el 10N está inspirado en distopías como Black Mirror o Years and Years.


A poco más de metro escaso de las nuevas elecciones generales del 10 de noviembre, la coalición Unidas Podemos ha lanzado un spot muy de ciencia ficción que muestra un posible futuro que, de entrada, va en contra de todo lo que creemos en Fantaciencia.

Lo han llamado #QuéFuturoQuieres, y ese es el hashtag con el que lo han estado moviendo en redes sociales.

Dentro vídeo:

Claramente inspirado en distopías distópicas que tan de moda están hoy en día (por culpa de Netflix, sin ir más lejos), rollo Black Mirror o Years and Years, la impresión y el regusto que deja es terrible. Es como si todos los miedos de nuestra época (cambio climático, vigilancia total, curros de mierda, acceso imposible a un hogar) se hiciesen (más) realidad.

Es cierto, sin embargo, que deja un resquicio a la esperanza porque “hay que luchar hoy” para que ese futuro no se cumpla, y al final la protagonista le mete una leche a la cámara estilo HAL 9000 (o el Gran Hermano) que va monitorizando todo lo que hace. ¡Neoludismo!

Es gracioso, porque el primer spot que lanzaron hace nada sí que está un poco más en la línea de imaginar futuros mejores.

En este caso, aprovechando aquello de que PDRO SNCHZ I, El Guapo, dijo que con ministros podemitas no podría dormir tranquilo, me parece mucho más bonito: sale gente sobando plácidamente. Eso sí que es un futuro que yo quiero.

Y tú, ¿qué spot prefieres? ¿Y futuro? ¿Grimdark o Hopepunk?

La noche del Vacío (Antonio Sancho Villar): carlistas steampunk del espacio exterior

Portada de La noche del Vacío de Antonio Sancho Villar

Dice el autor, Antonio Sancho Villar, en el prefacio de La noche del vacío (Pulpture, 2018) que los carlistas son los nazis de aquí, y la verdad es que yo diría que no, que los nazis de aquí son los franquistas, con una principal diferencia, que es que los de aquí duraron (duran) mucho más tiempo que los de allí, para nuestra desgracia.

Con lo que sí estoy de acuerdo es con que los carlistas son unos malos muy interesantes, creo que más cómodos (por perdedores perpetuos y por distancia temporal) que los fachas, a los que mola mucho ver como villanos de novelas de a 6 euros.

Tanto carlistas como fachas/franquistas son, en cualquier caso, unos buenos sacos de arena comehostias para que los héroes de nuestra imaginación se desquiten y hagan prevalecer valores más interesantes que los nac(z)ionales.

En La noche del vacío, los fans de Zumalacárregui y Carlos María Isidro de Borbón vienen que ni pintados para dar color a una España lovecraftiana-steampunk-andalusí que en nuestro plano de la existencia jamás existió pero quién sabe si en un universo paralelo es así, tal cual.

Crítica en tres palabras: Cortito y redondo.

PD: Me uno yo también a la petición de más ficción con carlistas (y añado, franquistas), que haberla hayla pero nunca sobran las ingloriousbasteradas.

Las penas del viejo Borlar: entrega 2

Entrega 1

VIERNES

Ese mismo viernes, mientras se ducha antes de desayunar, Borlar ve una luz al final del túnel de reflexiones deslavazadas que le colman el seso. El brillo de la idea le ciega. Le da miedo dirigirse hacia ella, por si en realidad es una tontería que, al prestarle atención, se convierte en una realidad. Intenta enterrarla bajo problemas mundanos pero, orgulloso como es, le jode pensar en sí mismo como un ogro que no puede enfrentarse a sus propios pensamientos. ¡Ni que fuesen materializarse, acero en mano, para acuchillarlo por haberlos concebido! Claudica ante sí mismo y por fin verbaliza el bulto que le oprime el encéfalo: lo que le preocupa tiene que ver con J’ailah, su hija mayor.

J’ailah lleva saliendo con una duendecilla del bosque casi seis meses, aunque al Clan se lo contó hace un par de semanas. No es que él esté en contra, por supuesto que no. A la madre, Ponzoñas Shurak, le parece bien. El resto de progenitores del Clan tampoco parece alarmado. Lo que pasa es que, se dice a sí mismo, él esperaba que saliese con otra ogra. Las hay malignas, brutales y oscuras como la que más a este lado del Río de Acero. ¿Por qué una duendecilla? No es que esté enfadado, ni decepcionado, simplemente no se lo esperaba. No está acostumbrado a las duendecillas, eso es todo. Los tiempos cambian. Habría sido peor que hubiese venido a casa con un trasgo, eso por descontado.

Ensimismado y casi sin proponérselo, Borlar llega puntual al tajo. Una vez sentado tarda veinte minutos largos en ponerse a trabajar de verdad. Termina un par de informes con desgana, sin prestar atención a los detalles, y se los envía al idiota que tiene por superior. No espera a que le responda, porque lo hará con correcciones, y se va a tomar algo. Se aprieta el puente de la nariz y resopla al mover su portentoso cuerpo hacia la salita de descanso. En el oscuro habitáculo con moqueta, el gilipollas de Zhurk’o Partebokas, del equipo de Terrenos, le dice que tiene mala cara. Borlar amaga un mordisco en su dirección mientras se sirve un té con extracto de setas festivas.

Lanavajas Aska, que es así como se llama la novia de J’ailah, es todo lo zafia, taimada y traicionera que una duendecilla del bosque puede ser. Borlar sorbe su té sonoramente. De nuevo, su cerebro se estruja en un esfuerzo soberbio. El problema no es que sea una duendecilla, joder. Una nueva idea se abre paso desde las profundidades de su enorme cráneo hasta las capas que conforman el pensamiento consciente, y entonces comprende que la inquietud que le atenaza el corazón no es el amor que profesa su hija hacia Aska sino la filiación política de la novia. En otras circunstancias se habría mosqueado menos, pero es que (he aquí el problema, ahora lo comprende todo) resulta que Lanavajas Aska está metida en política, y no en cualquier partido: es militante de Masacremos.

Borlar vuelve a su puesto. El jefe ha respondido a sus informes, pero decide no abrir todavía el correo. Sabe que habrá correcciones, cambios y reproches, y no le apetece enfrentarse a ello. Allí lo deja, marcado sin leer, y el chute de azúcar combinado con la ansiedad le cierra el estómago. Se mete en una página de noticias al azar para intentar pensar en otra cosa que no sean números y filas y columnas y archivos y peticiones y contrapeticiones. Pero… ¡qué mala suerte! En lugar de descansar la mente, la portada del primer digital que visita le golpea como una maza en la sien: Masacremos, Masacremos, Masacremos. Masacremos esto, Masacremos lo otro, adónde vamos a llegar con Masacremos, fíjate lo que propone Masacremos, columna de opinión, dos puntos, ¿deberíamos masacrar a Masacremos?

Cierra la página.

El idiota de Zhurk’o había sacado el tema un par de días antes, salpicando al resto de baba negra con cada carcajada atronadora, a la hora de comer.

—Pero, ¿qué se creen? ¿Masacremos? ¡Si van llevan duendecillos en las listas! ¡Ogros con duendecillos! ¡Los duendecillos que voten a otros duendecillos, hostias! ¿Sí o no? ¡Frol, tú tienes que estar hasta el gorro de esos minicabroncetes! ¿No te jode especialmente que ahora puedan presentarse a Diputados?

Trinchadora Frol había luchado hacía muchos años en las Guerras de las Vides contra hordas de pequeños duendecillos del bosque, antes de que se impusiese la tregua de la Firme Quietud, y antes incluso de que Zhurk’o hubiese tenido edad, músculos o agallas para tratar de matar a nadie. Las secuelas son visibles: síndrome de estrés post traumático, tuerta (había rechazado el ojo de cristal porque en su época no eran tan comunes ni estaban a la moda) y una recia pata de palo que atronaba los pasillos de la oficina a cada paso. Taciturna, era difícil sacarle más de dos frases seguidas.

—Y a mí qué.

Zhurk’o pasa de la veterana, vuelve a escupir y se dirige entonces a Borlar.

—Tú qué, Borlar. Con esa pinta que tienes de intelectual no me extrañaría que te pareciese bien que se mezclasen duendecillos con orcos; ogros con trols. Venga, no me jodas. ¿Qué somos ahora? ¿Humanos?

—No estoy para hostias, Zhurk’o.

—Ni tú ni nadie, cachondo. ¿Has oído lo que han dicho? ¡Quieren cerrar las plantas de pulsión demoníaca y abrir centrales solares! ¡Como si fuésemos elfos! ¡Serán hippies de los cojones!

En realidad, a Borlar le parece bien que se cierren las plantas de pulsión demoníaca. Le da respeto, no es miedo, es respeto, pensar en una explosión de malignidad capaz de liberar seres de otra dimensión con el ímpetu, el rencor y los conocimientos de magia negra como para acabar con una ciudad como Bujeronegro en una fracción de segundo. La energía solar no solo es limpia, sino además es que está ahí mismo, en el cielo. No hay que llevar a cabo ninguna invocación capaz de derretirte la carne si te equivocas en una sílaba para obtenerla. Por supuesto, con el auge de Masacremos, ciertas posturas no pueden esgrimirse tan a la ligera para que no te asocien con el partido. Se empieza por las centrales solares y se acaba prohibiendo la venta de rifles y machetes a los Reinos del Sur. Nadie querría eso, ¿verdad? ¿O sí?

—Lo que tú digas, Zhurk’o—, gruñe, y se vuelve a su sitio.

Antes de sentarse, oye a la Trinchadora decir que a ella también le parece bien usar la energía del sol, pero desconecta cuando Zhurk’o responde a berridos.

…Continuará

Swastika Night, una distopía feminista de 1937

Demasiado bueno para no haber sido traducido / editado en España, la verdad.

Que se silencia por activa y por pasiva las voces de las mujeres es tan cierto que duele. Swastika Night (¿la noche de la esvástica?) va, precisamente, de cómo borrar la historia y aplastar a las que vinieron antes para que parezca que nunca estuvieron. También va de cómo revertir ese discurso, aunque se tarde generaciones en lograrlo.

La gracia principal del libro de Katharin Burdekin es que se publicó en 1937 y dibuja un mundo dominado por dos potencias mundiales, la Alemania Nazi y el Japón Imperial. En el momento de la narración, han pasado más de siete siglos desde la instauración del III Reich y parece que la cosa va palante (camino a los 1.000 años) y no tiene pinta de acabar. ¡Ojo! Publicado en 1937. Faltaban aún dos años para la invasión de Polonia por parte de la Alemania Nazi. ¡Hablando de visionarias…! Como nota adicional, y seguro que no os sorprende, se publicó inicial bajo el pseudónimo Murray Constantine. “Era otra época”, ya sabéis.

La autora británica Katharine Burdekin

Distopía de género bajo la bota nazi

Swastika Night es una distopía fácilmente comparable a las tres clásicas, a la precursora Nosotros (Zamiatin, año 1921, ¡censurada en la URSS!) y a la más moderna Cuento de la criada. No voy a entrar si es mejor o peor que todas estas, pero me parece claro que debería tener, como mínimo, la misma consideración que la más famosa de todas ellas (que sería 1984, ¿no?). Con la de Atwood tiene en común la perspectiva feminista. En esta ucronía de nazis vencedores, las mujeres (y los cristianos) han sido degradados y no son considerados personas; los hombres de los pueblos subyugados sí son “personas”, aunque nunca TAN humanos como un Nazi. Las mujeres sirven únicamente para dar a luz a los vástagos sanos del Reich; ni siquiera los cuidados más allá de los básicos que requieren los bebés los llevan a cabo ellas: a edad temprana, los niños son separados de sus madres.

También los hombres son sensiblemente diferentes, pero a todas luces muy parecidos, a los que somos hombres hoy en día. Como el género se construye y se performa, Burdekin nos muestra aquí cómo los nazis atribuyen características deseables como el pelo largo, sedoso y brillante a los jóvenes, y son incapaces de imaginar a una mujer llevándolo.

En una nota aparte, hablando un poco de teología, es “gracioso” todo el tema de Hitler como Dios a lo vikinguísimo THOR, mostrado como un RUBIAZO con BARBAZA en esculturas y lugares de culto (iglesias con forma de esvástica, lógicamente). De ahí también que mole que los niños tengan pelazo, claro. ¡Como lo tenía Hitler! ¿No? ¡Bueno, eso dice la tradición! Swastika Night no es una historia de revolución armada ni de resistencia heroica de las mujeres sino, más bien, de la construcción de la masculinidad / el género.

Como apuntes negativos, es cierto que se puede hacer un pelín pesado algún pasaje, porque hay más diálogos (de lejos) que acción, y algunos diálogos son un poco “pero qué me estás contando”, aunque es lo mínimo. A mí me ha flipado mucho y desde la primera escena, donde los Nazis oyen cantar a un coro angelical odas al Dios Hitler, me enganchó. Swastika Night no es una historia de revolución armada ni de resistencia heroica de las mujeres sino, más bien, de la construcción de la masculinidad / el género. Por ahora solo la he encontrado en inglés, aunque imagino que en otros idiomas está disponible (pero no los hablo). Si tenéis la oportunidad, leedla. Es muy, muy buena, hace 80 años y ahora.

Las penas del viejo Borlar: entrega 1

DOMINGO

Borlar Kedrantagüesos está angustiado. Nota los domingos más grises, el revuelto de setas menos sabroso y la lluvia más ácida. Piensa que es por la edad, que no se cumplen cincuenta años todos los días. Luego se da cuenta que ya roza los ochenta, la flor de la vida, y que los cincuenta los llevó muy bien en su día. No es miedo a envejecer. Tiene que ser otra cosa.

Cuando el bajón se vuelve muy profundo, su cuerpo, temible máquina de matar bien engrasada, reacciona chutándose adrenalina. Se vuelve más rápido, más fuerte, más resistente, una suerte de reflejo de belicosos tiempos pasados que ya no volverán. Se desfoga bramando. No necesita estar listo para la batalla, se recuerda a sí mismo. Ahora vive en paz en un chalet de tres plantas con el resto de su clan. 

Hace muchos años que los ogros no guerrean; ahora trabajan en oficinas y la pena de muerte se aplica sólo después de un proceso judicial con garantías y por el método del combate a muerte regulado por ley, que siempre te da una oportunidad de autoamnistía por vía sangrienta. ¡Ah, maravillosa civilización! Borlar sabe que no es la proximidad de un estallido de violencia física lo que desajusta sus humores. Eso le desconcierta, porque sería la respuesta más sencilla a su problema de ansiedad. La presión que siente en el pecho tiene otro origen, lo que pasa es que le cuesta ponerle nombre.

LUNES

Borlar despierta con la cabeza abotargada. Revienta el despertador con un portentoso puñetazo que parte por la mitad la mesilla de noche. Durmió mal. Soñó con elfos de ojos brillantes y cuchillos afilados acechando entre los setos ornamentales de su jardincito. No desayuna con el resto del clan y apenas mira a los ojos a su hija J’ailah cuando ella le desea un puñetero buen día. Sale del chalet con una nube negra en la cabeza, tan distraído que se sube al autobús que no es. 

Llega tarde a la oficina y su jefe le ruge, y en lugar bramar a modo de respuesta, Borlar gruñe por lo bajo. Su jefe se sorprende, porque es un empleado ejemplar y nunca antes había agachado la cabeza ante una bronca. Borlar suele responder voceando bien alto, como está mandado. Hoy, por extraño que parezca, suspira frente al computador. Las placas solares transportan la savia eléctrica que inicia el equipo pero no mira a la pantalla sino a un punto indeterminado por encima de ella.

El jefe se rasca la cabeza con una uña gruesa y negra, desconcertado. Le observa con atención y se pregunta si no debería avisar al departamento de Empleabilidades. Decide darle una pequeña tregua, unos días de cortesía, por si le ha pasado algo en el clan. Borlar pasa una semana en ese plan, llegando tarde a la oficina, apagado y ausente, pero al final nadie se lo echa en cara porque cuando trabaja lo hace con una fuerza, un odio y una eficiencia pocas veces vista en las oficinas de Hacha&Negra Consultores. Será la adrenalina, piensa el jefe, que se queda más tranquilo cuando ve que al bueno de Borlar le tienen que cambiar el teclado partido por la mitad hasta tres veces en un solo día. Un trabajador productivo es un trabajador productivo, y si el trabajador productivo está enfermo pero produce, ¿a quién le importa? Al jefe, desde luego, no.

…Continuará.

Entrega 2

El Pacto (una historia de La Compañía Amable)

En la variedad está la diversión. El Pacto (una historia de La Compañía Amable) de Rocío Vega no es tu típica historia de espada y brujería pero vaya, ¡como si todo el ciclo de Conan hubiese tenido el mismo tono! 

La novela corta sigue los pasos de dos personajes secundarios que aparecían en los relatos de LCA, el maromo nórdico Alek y la poderosa aunque todavía sin explotar todo su poder al 100% Shavali.

Es una historia breve y por eso tampoco quiero destripar mucho de su contenido, pero dejo un par de pistas: me gusta mucho cuando los protagonistas de cualquier historia se encuentran a su reflejo obscuro/antagónico y se pelean, no puedo evitarlo, y me ha gustado también el juego de narradores, que además te toma por persona inteligente y no te pone quién habla al iniciar el capítulo como en Otras Novelas De Fantasía.

Además, Vega aprovecha para tocar otros temas de forma relativamente velada, como las relaciones sentimentales (¿qué es, si no un pacto, una pareja que se quiere y habla de que se quiere y de que quiere estar junta?).

Como decía al principio, no es la típica aventura épico-fantástica… pero si hasta Conan vivió un misterio al estilo del Cluedo en “El dios en el cuenco“, ¿por qué no puede haber una novela sobre quererse, aunque haya también duelos de mandobles y hechizos?

Puedes comprarlo en la tienda online de la Editorial Cerbero.

Ideas anticapitalistas para tus historias (o partidas)

Para construir un mundo mejor, primero hay que imaginarlo. Lejos de blackmirrores, hoy os propongo, con ayuda de mis amigas, ideas para historias o partidas o ambientaciones o lo que queráis en las que nos salimos un poquito de la lógica capitalista. Hay otros mundos, están en este y hay que pensarlos.

1. Un mundo sin empleo (pero trabajando de otra forma)

Pasamos un porcentaje brutal de tiempo en el tajo y pensando en el tajo. ¿Y si no lo hiciésemos?

Podría haber un mundo donde nadie tiene que tener “una carrera”, así que seguramente trabajaríamos pero no para un jefe que se lleva una parte de lo que generamos, sino para ti y para quienes están a nuestro alrededor.

No creo que estuviésemos ultraespecializados, sino que podríamos trabajar en varias cosas a la vez cuando sean necesarias. Si toca cuidar nenes se cuidan nenes y si toca hacer labores de carpintería se saca el martillo: solo trabajos ÚTILES.

Entonces, claro, si no pasamos 8 horas trabajando + 1 de comer + 1 de ir y volver al trabajo… ¡tendríamos mucho más tiempo para vivir de otro modo!

2. Un mundo donde todo el mundo tenga casa pero no vivamos aisladamente

Vivir en comunidad no implica abandonar la intimidad personal pero a lo mejor sí supone tener que subir a la azotea a regar el jardín del edificio con tu vecina la chunga.

Habría relaciones de proximidad y no tanto de afinidad. Habría que entenderse con gente que no nos cae bien porque compartimos placas solares o sótano donde pasar fresquitamente el verano.

Como los coches contaminan muchísimo, habría menos, puede que ninguno. No, ni eléctricos ni autónomos: más trenes y buses, eso sí. A tope con las bicis. Más espacio para peatones y menos para automóviles individuales.

Ojo a lo que suma Gatasombra:

¿Chalets? Bueno, pero si se han reducido los coches ya mola menos vivir allí, solitariamente. O a lo mejor es justo lo contrario: se han abandonado los centro de las ciudades, todos de asfalto, para irnos afuera. Si nos hemos ido afuera, ¿hay tiendas de barrio de nuevo?

3. Votar una vez cada cuatro años no es Democracia

Un mundo donde la organización jerarquizada solo se dé cuando sea necesario, por ejemplo en lo más crudo del verano, y es electa por toda la comunidad, como en los viejos tiempos de reunirse bajo el árbol de concejo. El resto del año autogestión colectiva.

A lo mejor no, a lo mejor hay un Estado fuerte que garantice lo público… pero si no hay Estado, tampoco habría policía y eso podría molar un montón.

Coda

Almudena Hernando desgranando la fantasía de la individualidad da muchas ideas.

Y ahora, ¿qué?

¿Se te ocurren más ideas? ¡Deja un comentario!

Imagen de winterseitler en Pixabay

La bandera de la República Socialista de Madrid, meme de Ciudadanos reutilizado

Estéticamente, éticamente, ciudadanamente, un 10

Si me hubiese encontrado esta modificación de la bandera de la Comunidad de Madrid a lo soviético en otro contexto, es decir, fuera del Twitter del partido político de derechas Ciudadanos, pensaría que es obra de alguna diseñadora muy jefa que, medio en broma medio en serio, nos ha propuesto ser una República Socialista, aunque solo sea simbólicamente.

Pero nada más lejos de la realidad: es un intento de ataque a los partidos progresistas / de izquierdas / más o menos de izquierdas que se presentan a las elecciones en la Comunidad de Madrid, el soe, Más Madrid (la candidatura de Errejón, emparejada con la de la actual alcaldesa Manuela Carmena) y Unidas Podemos (con Isabel Serra como cabeza de lista).

Como buenos fans del emprendimiento, estoy seguro de que a C’s les ha hecho ilusión ver que La Lokomotora, tienda de ropa con motivos progresistas, ha aprovechado el diseño para sacar camiseta nueva.

Mientras tanto, en Twitter pues lo de siempre, nos hemos echado unas risas. El número 5 de la candidatura de Más Madrid a la Comunidad de Madrid, Héctor Tejero (que es investigador contra el cáncer y está muy a tope con el cambio climático), ha hecho su propio diseño con otra de esas señas de identidad madrileñas: el bocata calamares.

No sabemos qué efecto real va a tener esta papanatada propagandística (¿Ser más PP que el PP? ¿Quitarle votos a Vox? Con las derechas nunca se sabe) pero por lo pronto ha puesto sobre la mesa que el rojo y amarillo también son colores de izquierdas. Como ya pasó en las elecciones generales, el rechazo a las salidas de tono de la derecha lo puede capitalizar la izquierda aunque solo sea por no asociarse con alguien que cree que Manuela Carmena es Iósif Stalin.

Si, como a los de Rivera os da miedo “el socialismo”, la opción de Gatavagabunda es ultramadrileña y ultracuqui a partes iguales.

Las Espadas de don Domingo

Don Domingo de Calabarata y Albiz murió tres días después de la fundación de su propia Compañía, bautizada sin remilgos Las Espadas de don Domingo.

Viéndose a sí mismo como un héroe de leyenda, sabedor de que merecía por derecho propio el éxito que se escondía en la Torre del Climomante, se condujo sin saberlo, cabeza alta y ojos brillantes, directo a una sencilla trampa oculta en un sinuoso pasillo. El ingenio técnico, un suelo falso que descubría un foso lleno de estacas cuando soportaba el suficiente peso, funcionó a la perfección y segó la vida del hidalgo en un visto y no visto.

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