¡Venid, venid! Así, acercaos a la lumbre. Dácil, haz el favor, ya retomarás eso en otro momento. Tengo algo que decir, y es mejor que lo haga cuanto antes. ¿Quiénes están de guardia? Bien, pues ya se enterarán, no os preocupéis ahora por eso.

¿Estamos? Bien. No me andaré con circunloquios. No sé quiénes sois quienes tenéis dudas sobre la asignación semanal, pero el caso es que hay quien tiene dudas con la asignación semanal. En vez de celebrar catorce reuniones por separado, lo comentamos así, a viva voz y de una, al amor del fuego. Que nadie se quede con dudas, y que no tenga que repetirlo. Repito que no sé quiénes sois quienes tenéis dudas sobre la asignación, así que no señalaré a nadie, aunque llegado a este punto bien me gustaría hacerlo.

Lo primero que tengo que decir es que este último invierno ha sido dificultoso, y bien lo sabéis. A pesar de los buenos pagos tras las campañas de Cértima Sumergida y Oretania, y el fructífero saqueo de la tumba de don Doménigo, en las últimas semanas hemos tenido importantes gastos. Nuestras arcas no están vacías, pero no rebosan. Conste.

La política de asignaciones de nuestra Compañía se ha mantenido sin variación en los últimos doce años, desde que me pusiese a la cabeza de la banda arriesgando no solo mi prestigio y mi vida, sino también mis cuartos. A ratos pareciera que no soy yo quien se las ve y se las desea para conseguir buenos contratos, aquí, en las Islas de Fuego, o donde sea. Digo esto porque creo que siempre hemos respetado unos mínimos en los pagos. ¿Acaso me he retrasado alguna vez en alguno de ellos? Jafar, que lleva luchando conmigo hombro con hombro desde el principio,
bien lo sabe. Ni una sola vez, oídme bien, en especial las recientes incorporaciones a nuestra pequeña familia, ni un solo estipendio ha tardado más de un puñado de días en seros entregado, y siempre en los plazos que establecimos en su día y que aquí habéis aceptado. Todo está hablando cara a cara, la verdad por delante y los aceros envainados. Me sorprende que haya dudas ahora, habiendo ya hablado de los pagos en su día.

En estos diez años hemos visto más de una y más de dos Compañías desaparecer, y algunas no distaban en demasía de la nuestra. ¿No es así, Jafar? Las Espadas de don Doménigo, sin ir más lejos, aunque don Doménigo siga dando vueltas por ahí como alma en pena. Las Garras de Carla Cazadragones. ¿Os imagináis que me diese por abandonaros y emprender yo solo, como hizo ella? Podría hacerlo, pero no quiero, porque me hago cargo de nuestra Compañía también con mi sacrificio. Sería muy fácil para mí dejaros aquí, a vuestra suerte, y seguir consiguiendo contratos por mí mismo. ¿Qué haríais? ¿Organizaros? ¡Como si fuese fácil! Aquí hay mujeres diestras con la lanza y portentosos arqueros, sí, pero ¿qué sabéis de administrar nada? ¿De diplomacia? ¿De cuentas? ¡Ja! Bien podría, y sabéis que otros lo han hecho, buscarme a media docena de refugiadas, que bien me aceptarán las asignaciones que yo quiera. O qué pensáis, que no hay docenas de recién llegadas, con las suelas de las botas gastadas y ojeras hasta la barbilla, dispuestas a aceptar cualquier faena, por arriesgada que sea, que se les ponga por delante. Después de recorrer el páramo, o de llegar aquí vadeando las marismas, después de huir de sus países de mierda, bien podría contratar a cuatro o cinco rubios de ojos azules por la mitad de lo que os pago a la Compañía, ¡y por no volver a vivir en sus tormentosas e impredecibles tierras, aceptarían jugarse la vida espada en mano! ¡Os lo aseguro!

No entiendo qué dudas puede haber, pero los pagos no han hecho nada más que subir. Si bien es cierto que no recibisteis más plata la última vez, la calidad de las comidas ha mejorado, ¿sí o no? Eso también es una forma de aumento en los pagos. ¿Te acuerdas, Jafar, de cuando vivíamos a base de gachas de maíz? ¡No tenéis ni idea de lo que era atravesar llanuras y llanuras con el estómago a medio llenar! Tal vez sea eso lo que os hace falta, una semana sobreviviendo a base de raíces y cigarras.

No tengo más que decir. Las cosas van a seguir como están. El estipendio no se va a incrementar. Vais a recibir las monedas acordadas, y no hay nada que hablar. Aunque no lo veáis así, soy yo el que tiene los verdaderos problemas aquí. O qué pensáis, ¿que yo no he estado ahí, donde estáis ahora? ¿Que yo no me he arrastrado por el fango, que no me he jugado el cuello en oscuros corredores de templos olvidados, que no he perdido camaradas en batallas que no me incumbían, que no he sufrido como sufrís? ¡Os equivocáis de parte a parte! ¡Soy uno más, y vuestro líder, y si no os gusta más os vale que os acostumbréis o marchéis! Me molesta es que pongáis en entredicho mi buena voluntad, pues al final soy yo, y no otro, quien os paga cada semana, y a ratos ese esfuerzo es más agudo que luchar contra una sierpe. Os invito a que os emancipéis si tan mal os sabe luchar para mí y os la juguéis montando vuestra propia Compañía por vuestra cuenta. ¡Íbais a saber lo que es bueno! ¡Ya me gustaría a mí no tener más preocupación que la del enemigo de carne y hueso frente a mi acero! Pero no es así: me preocupo por La Compañía y mucho me temo que doy más por ella de lo que ella da por mí.

Ya está bien. ¡A descansar! Mañana veremos si es necesario doblar los turnos o no, pero espero que cuando despunte el alba recordéis estas palabras y luchéis con coraje redoblado para ganaros la plata como debéis.

(Última arenga de Idrayim el Bravo a La Compañía de Medianoche antes de ser linchado, condenado en juicio sumario por unanimidad, ajusticiado, decapitado, empalado y exhibido en el Camino de Valdeverde a las Montañas Azules a modo de aviso para futuros líderes y contratadores por La Compañía de Medianoche)