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Jugando a ser un ser despreciable: La justicia ciega de Adolf Puresblut (banda de Cazadores de Brujas en Mordheim)

Este mes, participo como jugador en una campaña corta de Los condenados de Mousillon, un escenario de campaña que emplea las reglas de Mordheim, el wargame (‘simulador’ batallitas con miniaturas sobre un tablero en que usas dados para si tu espada le pega al malo o fallas) de Games Workshop.

En este juego, cada participante controla a una banda formada por un puñado de mercenarios, cuatreros, bandoleros, ladrones y / o asesinos. Hace un par de años, participé en una campaña de Mordheim con unas divertidísimas Hermanas de Sigmar que sufrieron lo indecible (me hice una lista con solo 5 héroas hasta arriba de equipo cuando lo lógico habría sido compensar héroas con reclutas patosas y tener 10 ó 12 miniaturas sobre el tablero…). Las Hermanas de Sigmar son las miembras de una violenta orden de monjas-guerreras que usan látigos de acero y martillos benditos para masacrar a sus enemigos, y sus enemigos son absolutamente cualquiera. Lo guay de esta banda es que, siendo la única compuesta íntegramente por mujeres de Mordheim, (aunque hay otros personajes mujeres, y luego están las Amazonas, pero originalmente eran las únicas) se puede jugar con un trasfondo muy bronco-feminista. Ya sabéis: las Hermanas cogerán lo que es suyo por derecho, y si no dejas que lo hagan te crujirán el pecho (+1 Fuerza, -1 tirada de salvación por armadura), por el Poder de Juana de Arco.

Este año, sin embargo, he decidido jugar con una banda de Cazadores de brujas.

Los Cazadores de brujas son, como podéis imaginar, una banda inspirada en aquellos terroristas estatales de cuando los Estados modernos se estaban formando. Especialmente a partir del siglo XV (aunque también en siglos previos), sus miembros persiguieron a todos aquellos, hombres y mujeres, que consideraban “herejes” o contrarios a la doctrina considerada “de orden”. En el trasfondo de Mordheim, la banda de Cazadores de brujas está compuesta por lo que vienen siendo unos cabrones que odian a todo lo que no se parece a ellos: practicantes de magia (¡BRUJERÍA!), otras razas (Skavens, orcos, no muertos), otras confesiones religiosas (Hermanas de Sigmar) y, además, todos los demás son poco menos que traidores por nacimiento y, por lo tanto, merecen ser MASACRADOS.

¿Cómo podría a sentirme cómodo jugando con unos tipejos despreciables que no se parecen a mí en nada? “¡Es solo un juego!” dirán algunos pero, sabiendo que la ultraderecha estadounidense utilizó memes de Warhammer 40K para apoyar a Trump, ¿cómo podemos aceptar que sea solo un juego? ¡No es verdad! ¡Es algo más! Los juegos, de cualquier tipo, son un reflejo de la realidad, y los juegos a los que jugamos dan forma a la realidad, que a su vez creará nuevos juegos que, efectivamente, serán reflejo de ella. Así que ir más allá de la ironía con mis Cazadores de brujas e instalarme en la sátira me parece lo propio: Si gano me alegraré y si pierdo me alegraré de que les hayan dado para el pelo.

(Re)Politizando Warhammer

Hay una cosa que pasa mucho: cuando algo tiene un trasfondo político con el que nos identificamos, o es el trasfondo político que se considera “normal” en un tiempo y lugar dados, no nos damos cuenta de que tiene ese trasfondo político.

Es un poco lo que pasa cuando debajo de la ventana de casa se pone una máquina a trabajar 24 horas al día: llega un momento en el que el soniquete no nos molesta porque nos acostumbramos a él. Sin embargo, si el soniquete para o si hay un estruendo diferente, sí nos damos cuenta.

Pues bien: esto pasa con los juegos de rol, los juegos de miniaturas, los cómics o el cine. Que no nos demos cuenta de que son políticos no quiere decir que no lo sean.

“Bueno, Víctor, te repito que es solo un juego”. ¡Ay, hipotético lector que formulas una pregunta que me permite responder como si esto fuese un diálogo platónico! ¡Qué ceguera la tuya! El juego es una de esas cosas que ha hecho el ser humano desde antes incluso de ser humano. Es tan normal que, como el ruido del martillo pilón bajo el balcón, Vale que en este mundo turbocapitalista identifiquemos juego con quienes más tiempo tienen: menores de 16 años y jubiletas, pero si te das una vuelta por ahí verás que no es cierto. Juega el rey, juega el Papa y de jugar nadie se escapa.

Warhammer, por supuesto, es tan político como lo que más y lo es desde sus inicios. De hecho, en sus inicios lo era de una forma mucho más clara. Sin la sátira y el humor negro, si hubiesen nacido en un lugar que no fuese la Inglaterra thatcheriana y en un tiempo que no fuesen los ochenta, Warhammer 40K, Blood Bowl o Mordheim no existirían tal y como los conocemos hoy. Así que, a la hora de volver a jugar a Mordheim, decidí tener en cuenta esto, y he querido que mis Cazadores de brujas sean, como ya lo fueron otras facciones warhammeras, una sátira del fascismo, del de hace 80 años pero también de las nuevas ideas totalitarias que pueblan occidente, herederas directas de aquellas.

Mi banda, la banda de Adolf Puresblut*, está lista para saltar al terreno de juego y ser masacrada por seres a los que consideran inferiores defendiendo unas ideas despreciables. ¡Quemad a las brujas, a los herejes y a cualquiera que no se parezca o piense como nosotros! ¡Por Sigmar, siempre por Sigmar, entidad sobrehumana que no comprendemos pero a la que atribuimos un sentido superior para no sentirnos tan solos y justificar hasta la única mierda que hagamos! ¡Vaya, parece que el enemigo nos supera en número! ¡Dios mío, acaban de destripar a Helmut! ¡Ve tú delante, Hans, así lo habría querido el Pater Superior! ¡Yo aguardaré aquí, cubriéndote la retirada! ¡Oh, Hans también ha caído! ¡Huyamos ahora, no por cobardía sino por precaución! ¡Ya volveremos mañana! ¡Por Sigmar y por el Imperio, coño!

*(Adolfo Puresblut, Purasangre / Sangre pura. Como es un juego de ambiente Sacro Imperio Romano he decidido que tengan ese poso germánico que, por desgracia para nuestros amigos tedescos, tan asociado está con el nacionalsocialismo)

Trasfondo

WITCHFINDER GENERAL

“¡Ah! ¡Dolor, purifícame! ¡Acaso he de flagelarme aún más, todavía más, para purgar todas mis dudas! ¡Sigmar, mándame una señal! ¡Acaso una que sepa interpretar! ¿Es que dudas de mí, como dudo yo de esta mi empresa? ¿Es que no he sido tan beligerante como hubieses gustado? ¿No son suficientes mis sacrificios, los sacrificios de mis hombres y los sacrificios de los enemigos del Imperio que te otorgo?

Digo, ¿no son suficientes los juicios y ejecuciones, las piras y hogueras con las que sembramos la paz, suficientes para ti, para que me recompenses con un guiño en el cielo que me haga pensar que estoy en la ruta correcta? ¿Por qué, oh, por qué sufrimos derrota tras derrota desde hace tantos meses? ¡Encadenamos fracasos desde el desastre de Mordheim! ¡No levantamos cabeza! Los poderes oscuros avanzan y yo solo no puedo hacerles frente, ¡no puedo!

¡Por qué, oh, Sigmar todopoderoso, te llevaste de mi lado a Otto Altdorfer! Le llegó su hora, en maldita la hora. Ese León que reza ahora por nosotros será un sacerdote guerrero tan poderoso o más que mi viejo Otto, no lo dudo, y sin embargo ¡no dejo de pensar que es un estaliano! ¿Acaso me puedo fiar de un estaliano? ¡Ah, que me hunda el cráneo Tu Martillo! Y ese elfo que hemos contratado a petición de Hansi y André, ¿he de fiarme de un ser que (oh, por Tu Sagrado Martillo, no sé ni cómo dar forma a mis palabras) no es siquiera un hombre? ¡Me aseteas con pruebas y más pruebas, mi dios Sigmar, y yo simplemente dudo!

Dudo, y no debiera, lo sé, pero evitarlo se antoja imposible después de tantas cicatrices, en mi piel y en mi alma. Pero lo que más temo es que los hombres que luchan junto a mí duden. ¡Ah! ¡Cómo duele! ¡Sigmar, me duelo por ti! ¡La duda es debilidad! ¡No debemos cuestionar!

¡Mousillon, aquí llegamos! ¡Sigmar, guía mi ojo y mi dedo, y que mi ballesta purificadora restaure la belleza y la bondad a base de muerte y destrucción! ¡Mousillon nos aguarda, sí, y esta, esta ha de ser la prueba final que me demuestre que aún te sirvo, mi Dios! Y si no es así… si no me demuestro herramienta útil para Tu Plan, para Nuestro Imperio… quién sabe lo que seré capaz de hacer… quién lo sabe…”


(Plegaria de Aldolf Puresblut la noche previa a que La justicia ciega emprendiese su camino a Mousillon)

“—Todos ustedes, bots”. ¿Tecnooptimismo? ¡No, gracias!

Uno de mis relatos favoritos del escritor polaco de ciencia ficción Stanisław Lem es ese en el que encargan a Ijon Tichy descubrir qué ha pasado con un computador superavanzado: se ha rebelado contra sus creadores, fundando un planeta exclusivamente habitado por robots. Robots que, por supuesto, son hostiles hacia la humanidad.

La gracia está en que cuando Tichy llega al planeta, y después de varias peripecias, descubre que los robots que habitan dicho planeta son, en realidad, humanos que han ido ocultándose del computador disfrazándose de robots para evitar represalias. En su afán de pasar desapercibidos, son terriblemente beligerantes contra los seres humanos, más papistas que el papa eléctrico. Al final, por supuesto, se descubre que el tiránico ordenador antihumanos original es, desde el principio… un humano.

El cuento es muy divertido y tiene mucha más punta que sacar que este escueto resumen, pero me quedo con esa parte porque pienso mucho en ello cada vez que leo o escucho cosas sobre “algoritmos” o “bots”, esos entes casi abstractos, “cosas”, que protagonizan titulares día sí y día también: los algoritmos nos van a quitar el trabajo, los algoritmos hacen que los niños vean vídeos nazis en Youtube, el partido político españolísimo Ciudadanos tiene un ejército de bots en Twitter para que parezca que son más de los que realmente son

¡El pan nuestro de cada día!

Este texto que estás leyendo bien podría tratar sobre que hay que pedir cuentas no a los bots y algoritmos sino, como en el cuento, a quienes están detrás de ellos, a quienes los han creado y a quienes se ocultan tras fórmulas matemáticas para no asumir consecuencias de sus actos.

Pero va a tratar sobre otra cosa.

Pesca de arrastre con redes sociales

No seré yo quien diga que los chavales de ahora es que están tontos con tanta pantallita, pero tampoco voy a dejar de decir, todo lo alto que pueda, que las redes sociales están desarrolladas para que nos resulten adictivas y, en consecuencia, tienen grandes probabilidades de machacarnos la salud y lo que no es la salud.

Si quieres fuentes sobre esto, tienes todas las que quieras.

Por supuesto, las redes sociales también han ayudado a gente.  Es innegable: grandes iniciativas han surgido de ellas, se han salvado vidas, y miles y miles de personas con dificultades para establecer relaciones han logrado hacerlo gracias a usar Twitter o Facebook para unirse con otras a miles de kilómetros.

Podríamos describirlas como la forma avanzada (o sea, posterior en el tiempo) de las relaciones epistolares. ¿Por qué no? Sin embargo, todas esas repercusiones positivas son daños colaterales. “Bugs”, por así decir. Las redes sociales pueden ser estupendas, pero la idea que manejan a día de hoy los desarrolladores y altos cargos, últimos responsables, de las redes sociales más exitosas no es esa. No quiere crear herramientas para ayudarnos, aunque todo su marketing y relaciones públicas se basen en esa premisa; lo que buscan ahora mismo es que pasemos el máximo tiempo en sus aplicaciones, para que así hagamos click en los anuncios.

Que hagamos click. En los anuncios.

Click.

En los anuncios.

Click.

En anuncios.

No hace falta trabajar en una agencia de marketing, que también, para darse cuenta de la invasión de anuncios y propaganda en cualquier red de mínimo éxito. Además, como con los medios de comunicación, parece que usamos diferentes apps pero, al final, todas pertenecen a las mismas (pocas) personas.

“Estamos construyendo una distopía a base de intentar que la gente haga click en anuncios” – Zeynep Tufekci

Las implicaciones que tienen estos “modelo de negocio”, como lo llaman ellos, son muchas. El vídeo que incrusto aquí es perfecto para explicar una de ellas. Si tenéis tiempo, os recomiendo verlo y leer a esta pensadora.

Si no tenéis tiempo, nos podemos quedar con el primer comentario que le han dejado: “People wonder why the political environment has been so polarized recently. It’s just a result of our online business models. Business is now the enemy of mankind, for it may bring upon our demise”.

La gente se pregunta por qué el ambiente político se ha polarizado tanto en los últimos tiempos. Es, simplemente, el resultado de nuestros modelos de negocio online. Los negocios son el enemigo de la humanidad ahora, porque pueden traer nuestra perdición

-SirMikeys en Youtube

Efectivamente, SirMikeys, pero yo aún diría más: no son “los negocios”, o por lo menos no son tan solo los negocios. Hacía referencia al principio de este artículo al ejército de bots de cierto partido político que juega a la polarización aunque luego dicen que no son ni de izquierdas ni de derechas, sino de C’sentro (comercial).

Seres humanos del mundo, ¡uníos!

¡Vaya panorama!

Para el común de los mortales, combatir en igualdad de condiciones esta Guerra de los Clones es una quimera. Como a Ijon Tichy, se nos plantea un problema a todas luces desconcertante, con todas esas cosas incomprensibles operando ante nosotros sin que siquiera podamos comprender su naturaleza.

Y nos da ansiedad, o la apatía sustituye cualquier tipo de iniciativa, porque “no se puede hacer nada”, “todo está perdido”. Como si los agentes del mal no fuesen también humanos (con un flujo de pasta y poder mucho mayor que el nuestro, pero humanos).

Es absolutamente imposible conseguir la financiación que tiene un partido político de extremo C’sentro o jugar a “ganarle a Google” cuando Google cambia a placer y sin previo aviso las fórmulas que hacen que posicione y me recomiende vídeos de voces antifeministas porque he estado viendo vídeos de Anita Sarkeesian.

Además, el feed de Twitter o Facebook al que estamos enganchados no ayuda nada: las plataformas premian el salseo. ¿Piensas que se puede evitar que la gente cite tuits socarronamente? ¿Podremos tener debates sosegados algún día? ¡Claro que sí! ¡Ojalá nos escuchasen! ¡Twitter debería dar marcha atrás y desactivar esa funcionalidad que lo único que consigue es exponer a quien dice loque sea! Pero seguramente se habrán dado cuenta de que genera engagement, así no lo hará. Hale, a ver solo malísimas noticias, flames y al brasas de “Arden las redes” opinar sobre cualquier cosa, que es lo que da RTs y “genera conversación”. ¡Lo siento!

No os voy a decir que hay qué es lo que hay que dejar de hacer o qué es lo que hay que hacer, pero sí me gustaría señalar que hay otros mundos pero están ahí fuera, y os aseguro que Ijon Tichy no se convirtió en un robot para derrotar a los robots. En realidad, estas casi 2.000 palabras no las estoy escribiendo para ti, que me lees, sino primero para mí, porque necesito ponerme un poco en orden algunas ideas y, luego, si ves que algo te cuadra, entonces sí, es para ti.

Obviamente, las redes sociales sirven para cosas. Distintas cosas. También hay otra serie de cosas que sirven para otras cosas y no tienen lógica de tragaperras, ni están llenas de bots Ciudadaners.

Se me ocurren, por ejemplo:

  • Cuando hay un deshaucio y la PAH lo anuncia por redes sociales, en lugar de hacer RT (o además de) puedo pasarme a echar una mano.
  • Lo más probable es que no puedas hacerlo porque tengo que trabajar y los deshaucios pillan lejos, pero no pasa nada, la PAH o el Sindicato de Inquilinas quedan también por las tardes y puedo ir a echar una mano con lo que necesiten.
  • A lo mejor no tengo ni idea de tema de vivienda y (todavía) no me afecta, pero no pasa nada: cuando hay festivales como el AnsibleFest, que están marcando la tendencia,  voy a disfrutar de ellos.
  • Si el AnsibleFest me ha pillado muy lejos de Bilbao, no pasa nada: puedo hablar de ello a mis allegados, sobre todo aquellos que no sabían que existen los festivales feministas de ciencia ficción. ¡Así doy a conocer espacios nuevos, donde pensar de forma diferente!
  • A lo mejor no me gusta la ciencia ficción pero sí otro tipo de lecturas. Pruebo a apoyar a autoras emergentes y autoras consolidadas comprando sus libros en lugar de seguir apostando por los mismos autores de siempre.
  • Tampoco hace falta leer si no quiero, o no me gusta. Dejemos de lado la cultura: a lo mejor vale con que vaya a alguna manifestación que crea importante, por ejemplo por la sanidad o la escuela pública, o la manifestación feminista del 8 de marzo, o ahora que lo tenemos cada vez más presente, contra el cambio climático.
  • Si no quiero o no puedo hacer eso, siempre puedo ir a votar, que es una cosa que no suele suponer un gran esfuerzo. Hay partidos ahí fuera que no son de ultra derecha, y no va a ser mala cosa que un partido de ultraderecha quede fuera del Parlamento.
  • Si no tengo edad o no creo en la democracia vía voto-cada-cuatro-años, no pasa nada: votar es una cosa que se hace un par de veces cada 4 ó 5 años. Puedo apuntarme a alguna asociación de vecinos en el barrio y ayudar a la gente joven y a la gente mayor que vive junto a mí.
  • Hay muchas iniciativas estilo Asociaciones Vecinales. ¡Me informo y hago de mi barrio un sitio mejor!
  • A lo mejor socializar se me hace bola, y es comprensible. Siempre puedo ir a casa de tus padres de vez en cuando y conversar con ellos de los temas que les preocupan, para que su única fuente de información sobre qué pasa en el mundo no sea la Cope o La Sexta.
  • ¿Paso mucho tiempo en el trabajo? ¿He pensado en hablar con mis compis y ver cómo podemos tratar de mejorar nuestras condiciones? ¡Se ha conseguido muchas veces antes! ¡Por qué no intentarlo!
  • En ese sentido, los Sindicatos (CNT, CCOO…) son clave para mejorar las condiciones laborales y cohesionar a los curritos. Si tienes un sindicato que apoye a tu sector, habla con ellos.
  • Sigo usando redes sociales, ¡por supuesto! Sirven para unir, y lo que ha unido Internet que no lo separe un post random (en el mismo internet).
  • Tampoco hace falta que haga nada activamente todo el rato, pero si veo que alguien es racista en el metro, podría llamarle la atención. Un mínimo, ¿verdad?
  • Si eso me parece arriesgado, seguro que se me ocurre alguna forma de hacer que el mundo sea un poquito menos malo de lo que es ahora mismo para todo el mundo.
  • Y una cosa que me ayuda mucho: siempre miro a ver, porque hay mucha gente intentando hacer cosas buenas, y eso me pone de buen humor.

Si te fijas, casi todas las propuestas anteriores tienen que ver con relacionarnos activamente, de un modo o de otro, con la gente de nuestro alrededor; de hacer piña y tirar palante, de ayudar aquí y allá, de volver a algunas cosas básicas que a veces se olvidan, cosas que no pueden hacer los bots, ni los algoritmos, porque ni los bots ni los algoritmos nos van a salvar (¿Tecnooptimismo? ¡No, gracias!), pero, con un poco de suerte, tampoco serán quienes nos condenen.

Redes sociales públicas: una propuesta

No quiero dejarme por el camino una idea para darle la vuelta al funcionamiento de las redes sociales actualmente: la creación de redes sociales públicas, que no pertenezcan a una empresa sino de una Administración pública y que, por lo tanto, no dependan de lógicas de mercado.

Si tenemos teles pública, ¿por qué no redes sociales públicas? No tendrían por qué tener publicidad porque su modelo de negocio no sería ese, y por lo tanto no minarían nuestros datos para luego vendérselo a publicistas. Como no necesitan vender que tiene millones de impresiones por segundo para convencer a las empresas de que deben publicitarse en ellas, se acaba la necesidad de generar ‘engagement’ a base de flames e indignación.

¿Suena bien? A mí, de lujo.

En realidad, también puedo no hacer absolutamente nada de lo anterior. Al fin y al cabo, ¿qué impacto tienen las decisiones y acciones personales individuales? Ante esta pregunta, solo me queda recordar a un chaval joven, que estaba empezando: Frodo Bolsón (y Gollum, claro), que era el más insignificante de todos y sin embargo el camino que recorrió fue decisivo… pero no lo recorrió solo, sino con ayuda de sus amigos.

Pinto mal, pero pinto: ser un wargamer mediocre hoy

Mi amigo el Ollero me regaló por mi cumpleaños una miniatura muy curiosa: la bárbara cazadora de hombres de Avatars of War esculpida por Felix Painagua.

Es esta:

manhunter cazadora de hombres avatars of war

La verdad es que no sé muy bien qué criterio utiliza el Ollero para traerme según qué miniaturas, pero yo creo que, si fuese un diagrama de Venn, se encontraría justo en “las miniaturas que le gustan al Ollero” + “Las miniaturas que el Ollero cree que me pueden gustar“.

La verdad es que el tío acierta.

La Cazadora de hombres me parece, en verdad, una miniatura muy buena. Me encanta el pelo y la expresión de la cara, y las dos hachas son un toque interesante. Como es una mini a escala “heroica” (o sea, que algunas partes no están a proporcionads, para que resalten más) precisamente el cabezón y las hachazas son lo que más destaca, junto con la capa. Me parece un acierto porque evita así el escultor una sonrojante sexualización totalmente innecesaria.

Es cierto que no lleva lo que conocemos por “armadura funcional”, pero la verdad es que no veo yo a la Cazadora de hombres yendo de frente contra dos o tres lanceros, sino más bien esperando el momento adecuado para emboscar, valiéndose del factor sorpresa para alojar sus hachas en cráneos desprevenidos.

Estos son mis avances con ella:

cazadora de hombres 1 cazadora de hombres 2

Además de no saber pintar, tampoco sé tirar fotos.

Ye lo que hay.

Pinto mal, pero pinto: una especie de manifiesto

En realidad, cuando digo que pinto “mal” sé que solo tiene sentido si se me compara con alguien que pinte mejor que yo.

Cuando estoy solo en mi habitación dándole a los pinceles, pinto. Ni bien, ni mal. Pinto.

Me gusta pintar. Me lo paso bien. Es divertido. Me resulta divertido. Me hace liberar humores de felicidad.

Me ayuda a olvidarme de que paso 8 horas al día mirando al ordenador intentando que otra gente gane más dinero del que ya está ganando.

Me resulta relajante. Cuando estoy muy estresado, meterme en una red social a ver qué mierda ha dicho el tontobaba de turno me hace más bien mal. Me hace pupa. Pero intentar que mi Cazadora de hombres (todavía no tiene nombre, pero me inclino por alguno de inspiración íbera rollo Hilmice, que fue una princesa de Oretania, actual La Mancha) cobre un poquito de vida, imaginar aventuras fantásticas en las que hace todo lo que yo no puedo hacer.

Solo puedo saber que pinto “mal” si alguien pinta “bien”, y para que alguien pinte “bien” tenemos que tener por lo menos una noción medianamente objetiva de qué es “bien” para poder decidir si algo cumple o no con los parámetros que hacen que eso esté, efectivamente, “bien”.

Diría que tenemos derecho a ser mediocres, pero la verdad es que se me queda un poco corto. ¡Claro que tenemos derecho a ser mediocres con nuestros hobbies! Pero si es un hobby, me animo a decir, es imposible ser mediocre, igual que es imposible ser genial. Si es un hobby, no puedes ser #number1 ni farolillo rojo, porque no es una competición, y jamás lo será.

Las aficiones tienen valor en sí mismas, y aunque algunas aficiones pueden ser competitivas, en realidad están, al menos en origen, fuera de esa lógica. Nadie pinta mejor que yo si no me dejo arrastrar a una odiosa comparación, me arrastren desde fuera o me arrastre yo mismo.

Así que pinto y me lo paso de lujo, y la verdad es que me gustaría que no se me mezclasen los colores todo el rato, y saber dar luces para resaltar ciertas partes de los muñecos, pero eso es algo que todavía no he conseguido.

Cuando lo consiga, seguramente no se enterará nadie.

 

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