Mi amigo el Ollero me regaló por mi cumpleaños una miniatura muy curiosa: la bárbara cazadora de hombres de Avatars of War esculpida por Felix Painagua.

Es esta:

manhunter cazadora de hombres avatars of war

La verdad es que no sé muy bien qué criterio utiliza el Ollero para traerme según qué miniaturas, pero yo creo que, si fuese un diagrama de Venn, se encontraría justo en “las miniaturas que le gustan al Ollero” + “Las miniaturas que el Ollero cree que me pueden gustar“.

La verdad es que el tío acierta.

La Cazadora de hombres me parece, en verdad, una miniatura muy buena. Me encanta el pelo y la expresión de la cara, y las dos hachas son un toque interesante. Como es una mini a escala “heroica” (o sea, que algunas partes no están a proporcionads, para que resalten más) precisamente el cabezón y las hachazas son lo que más destaca, junto con la capa. Me parece un acierto porque evita así el escultor una sonrojante sexualización totalmente innecesaria.

Es cierto que no lleva lo que conocemos por “armadura funcional”, pero la verdad es que no veo yo a la Cazadora de hombres yendo de frente contra dos o tres lanceros, sino más bien esperando el momento adecuado para emboscar, valiéndose del factor sorpresa para alojar sus hachas en cráneos desprevenidos.

Estos son mis avances con ella:

cazadora de hombres 1 cazadora de hombres 2

Además de no saber pintar, tampoco sé tirar fotos.

Ye lo que hay.

Pinto mal, pero pinto: una especie de manifiesto

En realidad, cuando digo que pinto “mal” sé que solo tiene sentido si se me compara con alguien que pinte mejor que yo.

Cuando estoy solo en mi habitación dándole a los pinceles, pinto. Ni bien, ni mal. Pinto.

Me gusta pintar. Me lo paso bien. Es divertido. Me resulta divertido. Me hace liberar humores de felicidad.

Me ayuda a olvidarme de que paso 8 horas al día mirando al ordenador intentando que otra gente gane más dinero del que ya está ganando.

Me resulta relajante. Cuando estoy muy estresado, meterme en una red social a ver qué mierda ha dicho el tontobaba de turno me hace más bien mal. Me hace pupa. Pero intentar que mi Cazadora de hombres (todavía no tiene nombre, pero me inclino por alguno de inspiración íbera rollo Hilmice, que fue una princesa de Oretania, actual La Mancha) cobre un poquito de vida, imaginar aventuras fantásticas en las que hace todo lo que yo no puedo hacer.

Solo puedo saber que pinto “mal” si alguien pinta “bien”, y para que alguien pinte “bien” tenemos que tener por lo menos una noción medianamente objetiva de qué es “bien” para poder decidir si algo cumple o no con los parámetros que hacen que eso esté, efectivamente, “bien”.

Diría que tenemos derecho a ser mediocres, pero la verdad es que se me queda un poco corto. ¡Claro que tenemos derecho a ser mediocres con nuestros hobbies! Pero si es un hobby, me animo a decir, es imposible ser mediocre, igual que es imposible ser genial. Si es un hobby, no puedes ser #number1 ni farolillo rojo, porque no es una competición, y jamás lo será.

Las aficiones tienen valor en sí mismas, y aunque algunas aficiones pueden ser competitivas, en realidad están, al menos en origen, fuera de esa lógica. Nadie pinta mejor que yo si no me dejo arrastrar a una odiosa comparación, me arrastren desde fuera o me arrastre yo mismo.

Así que pinto y me lo paso de lujo, y la verdad es que me gustaría que no se me mezclasen los colores todo el rato, y saber dar luces para resaltar ciertas partes de los muñecos, pero eso es algo que todavía no he conseguido.

Cuando lo consiga, seguramente no se enterará nadie.