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¿Quieres saber qué me ha parecido un libro? Lee las reseñas de libros que publico en Fantaciencia. Libros de terror, libros de fantasía, libros de ciencia ficción… échale un vistazo, lee lo que me ha parecido y decide por ti mismo o por ti misma si es un libro que te va a gustar… ¡o mejor pasas a otro!

Podcast literario: Las Escritoras de Urras

Podcast literario. Las Escritoras de Urras, realizado por Sofía Barker y Maielis González, es un programa de radio online ultrabueno, centrado en

  • autoras y
  • relato corto de fantasía, ciencia ficción y terror.

«Las Escritoras de Urras es un proyecto transmedia sin ánimo de lucro que busca hacer accesibles las obras de autoras cuyo trabajo no ha llegado a España o no son muy conocidas todavía por diferentes motivos».

Apoya el proyecto de Las Escritoras de Urras aportando en su Crowdfunding de Verkami.

Enlace en iVoox de Las Escritoras de Urras: https://www.ivoox.com/podcast-escritoras-urras_sq_f1818029_1.html

Podéis encontrar más información en el blog de Las Escritoras de Urras. Según citan Barker y González, se trata de «Un proyecto dedicado a difundir el trabajo de autoras de fantasía, ciencia ficción y terror. Las Escritoras de Urras es un proyecto transmedia sin ánimo de lucro que busca hacer accesibles las obras de autoras cuyo trabajo no ha llegado a España o no son muy conocidas todavía por diferentes motivos».

Si te gusta el proyecto, puedes aportar económicamente a este podcast de literatura de fantasía, terror y ciencia ficción para que sea viable en su Verkami.

Capítulos de Las escritoras de Urras

Capítulo 0: Presentación del proyecto.
Capítulo 1: Soñarán en el jardín – Gabriela Damián
Capítulo 2: Recambio – Isa Próspero
Capítulo 3: El aquelarre de las chicas muertas – L’Erin Ogle
Capítulo 4: Amarás a tu madre por encima de todas las cosas – Elaine Vilar Madruga
Capítulo 5: Amargo – Flor Canosa
Capítulo 6: El Hombre Semilla – Madeleine Swann
Capítulo 7: Los Huesos Blanqueados, El viento tiránico – Karen Osborne
Capítulo 8: Hambre – Ariadna Castellarnau
Capítulo 9: Las muertes horribles de Helga Hrafnsdóttir – Christine Tyler
Capítulo 10: Un pequeño acto de valentía – Ada Nnadi

Dos pieles (2020, Varias autoras)

La editorial Pulpture, con la traductora Sofía Barker como ariete de la difusión cultural, está llevando a cabo una espectacular labor de selección, traducción y publicación de obras cortas de autoras de terror, fantasía y ciencia ficción que no habíamos podido leer en castellano/en España antes.

dos pieles pulpture
Portada de Dos pieles

Este febrero de 2020 publican su hasta la fecha última obra en esta dirección, Dos pieles, con relatos de Susan Palwick, L.D. Lewis, Suzan Palumbo y Priya Sharma. Antes, pudimos leer Agua en los pulmones (VVAA) y Un descanso para los muertos (Lucy Taylor).

Dos pieles, cuatro historias

El prólogo que abre esta antología marca la intención no solo de este libro sino de, al menos, los tres últimos traducidos por Barker que mencionamos y, en general, de esta línea de publicaciones de Pulpture: escritoras de género hay, todas las que quieras, otra cosa es que no las conozcamos. Pero no pasa nada, no te preocupes, ya está Barker escaneando el ciberespacio para que te llegue a ti, a tu casa, Pulpture mediante, una selección de lo superior entre lo mejor.

Aunque creo que Agua en los pulmones y Un descanso para los muertos tenían de distinta forma una cohesión interna más fuerte, la ventaja de Dos pieles es que las cuatro historias tienen en común un mínimo; el cambio físico, así que si no te gusta una lo más probable es que puedas saltar a la siguiente, suficientemente lejos de la primera como para que tal vez, esta vez sí, sea de tu agrado. Sabiendo que son cuatro autoras inéditas, es sencillo acercarse a la obra con la mente abierta. A mí me han gustado mucho las cuatro historias que componen este volumen y el hilado entre ellas funciona.

Todas tienen un punto muy reconocible, esa dicotomía entre lo que somos y lo que presentamos ante el resto del mundo (a veces las amistades, a veces la familia, a veces los desconocidos) que somos. Mi preferido, Chesirah de L.D. Lewis, es una suerte de space opera claramente anticolonial y antiesclavista donde una fénox (que vive ciclos cortos de vida-muerte-resurrección) busca su ansiada libertad intentado que nadie se dé cuenta de que es una fénox.

El resto de relatos se mueven en un espectro un poco más malrollero, en algunos casos con escenas cercanas al body horror y a ratos tocando temas ciertamente tabú, que no reproduciré aquí por no estropear la sorpresa y para evitar que Google me censure. No es una antología de terror, pero se queda muy cerca.

Hay un tipo de transformación que esperaba encontrar y me he dado con un canto en los dientes (y solo me he dado cuenta después; no la he llegado a echar de menos): la modificación traumática y por sorpresa, como la del infectado por licantropía que no sabe que el lobo que le atacó era algo más que eso. En los cuatro relatos de Dos pieles, las protagonistas saben que tienen dos pieles.

UNA ANTOLOGÍA DE AUTORAS INÉDITAS EN ESPAÑA
Dos pieles presenta cuatro historias ampliamente premiadas y laureadas en el mercado anglosajón que, desde sus distintos géneros y autorías, abordan temas comunes: todas las protagonistas se ven sometidas a cambios (físicos, pero también de otras índoles) y deben emprender un viaje de desarrollo personal que les permita aceptar, en mayor o menor medida, lo que son y qué responsabilidades conlleva serlo.

Dos historias de ciencia ficción, una de ellas space opera, y otras dos de fantasía que reflejan la versatilidad de sus autoras.

Índice
Rehabilitaciones, de Susan Palwick
Chesirah, de L.D. Lewis
La atracción de la manada, de Suzan Palumbo
Bestias Fabulosas, de Priya Sharma

http://pulpture.com/dos-pieles/

Marrajo (2019), de María Bonete Escoto

Lee Marrajo, de María Bonete

Primero, una anécdota.

Resulta que hay una editorial de estas pequeñitas, que está empezando, que va a publicar una novela. Lanzarán un crowdfunding para financiarla (no sé si a modo de preventa o si realmente no va a salir si no cumplen objetivos) y ya se puede leerse la frase promocional: «probablemente, la primera novela de literatura fantástica feminista».

Sin ánimo de ser completista ni de definir qué es y qué no es una obra feminista, me limito a recordar, como botón de muestra, la publicación de La otra fantasía medieval, antología que se define así:

Brujería, dragones y princesas es lo que podría definir la fantasía medieval. Pero, si existen los elfos y los magos, si somos capaces de inventar reinos desconocidos y de invocar demonios, ¿por qué no somos capaces de imaginar una fantasía medieval libre de machismo?

https://lektu.com/l/laura-moran-iglesias/la-otra-fantasia-medieval/11569

Como las meigas, fantasías feministas haylas. Algunas, publicadas hace bien poquito.

Marrajo: dientes, que es lo que les jode

De María Bonete ya leímos No hay tierra donde enterrarme, publicada por Episkaia en su loable empresa de darnos ficciones climáticas si nadie más nos da ficciones climáticas.

Marrajo es un relato publicado directamente en Medium por Bonete que podría haber formado parte de esa antología de «la otra fantasía» que, qué narices, no queremos que sea «otra» sino, por qué no, «la» fantasía.

Lee Marrajo, de María Bonete.

Como el pobre Conan de Nacerá una bruja y la película de John Milius, Marrajo empieza con la protagonista atada (¿condenada?) a una palmera, abandonada a su suerte, con cuervos sacándole los ojos.

¡Qué fuerza tiene la transformación inevitable del cuerpo! A Cronenberg le gusta esto. ¿Cómo no vamos a querer saber más de una guerrera sanguinaria que se queda ciega? ¿Qué será ahora de ella? ¿Cómo era antes de esto? ¿Se va a morir ya? ¿Seguirá adelante? ¿Cómo? Con qué poco puede cambiar una típica historia de mercenarios violentos a una sorprendente historia de mercenarias violentas.

El relato es corto, así que os invito a que lo leáis y disfrutéis de cuatro historias en una, con el sabor del acero, la arena y la sangre en la boca.

Micosis (Enerio Dima, 2018)

Hacía tiempo que EL ANSIA VIVA DE SABER QUÉ VA A PASAR LUEGO no me hacía parar a mitad de un libro, pasar páginas palante, llegar leer el último capítulo y, entonces sí, quedarme tranquilo sabiendo lo que se le viene encima a los personajes, y, entonces, volver al punto donde estaba. Micosis, de Enerio Dima, publicada por la Editorial Cerbero y flamante finalista de los premios Ignotus 2019, lo ha conseguido.

Pero no es esa la única virtud, sacarme de mis casillas, llegarme al sistema nervioso por un camino que no me esperaba, de esta breve novela; la crítica a ratos sutil, a ratos demoledora hacia el trabajo, el trabajo asalariado, me da ganas de imprimir mis propias copias piratas (lo siento) y repartirlas a las puertas de las universidades: no, no os vais a encontrar un mundo mejor cuando dejéis de estudiar, dejad de pensaros mejores que la señora de la limpieza. ¡Cuánta falta hace llamar a las cosas por su nombre! ¡Dejarse la vida 40 horas a la semana en una oficina no es vida! ¡Ni delante del ordenador ni empujando la fregona! ¡No es vida, para nadie!

Terrores laborales

Hay muchos ensayos publicados sobre cómo el sistema capitalista (empeorado por la crisis económica) y el trabajo asalariado afectan a la salud (tanto mental como física) de las personas. Micosis aborda este tema y algunos otros (que la prota sea una mujer separada con dos nenes es un dato importante; ojo al papelón de las fuerzas de seguridad; atención a cómo actúa la masa cuando no sabe cómo actuar) desde la ficción, desde una literatura de género, que da pánico porque es que es verdad que todo esto es un horror que nos hace nadar en ansiedad por menos de mil euros de Salario Mínimo Interprofesional.

La lista de ficciones donde el trabajo (el empleo asalariado, no el «trabajar», porque son dos cosas diferentes) es un elemento terrorífico es larga. Un clásico del cine americano, El apartamento, ya ponía al pobre Jack Lemon en una difícil situación, echando horas extra y regalándole la vida (y su casa) a su jefe. Tiempos Modernos, unos 25 años antes, ya se había mofado de vernos trabajar en cadena poniendo sobre la mesa las contradicciones que plantea ese modelo de sociedad.

Más recientemente, y en un lugar más cercano, vimos en Los últimos días a Quim Gutiérrez y José Coronado afrontar el fin del mundo atrapados DENTRO de su oficina. ¿Qué puede haber más terrible que eso?

Micosis también nos enfrenta a una verdad como un templo: mientras todo se desmorona, es más sencillo imaginarse yendo a trabajar que dejando de ir. ¿Por qué? ¿Cómo puede ser tan central en nuestras vidas el curro? Pues así es, también cuando tenemos una enfermedad mortal y mortífera, como pasa en esta la novela. No os la perdáis.

La noche del Vacío (Antonio Sancho Villar): carlistas steampunk del espacio exterior

Portada de La noche del Vacío de Antonio Sancho Villar

Dice el autor, Antonio Sancho Villar, en el prefacio de La noche del vacío (Pulpture, 2018) que los carlistas son los nazis de aquí, y la verdad es que yo diría que no, que los nazis de aquí son los franquistas, con una principal diferencia, que es que los de aquí duraron (duran) mucho más tiempo que los de allí, para nuestra desgracia.

Con lo que sí estoy de acuerdo es con que los carlistas son unos malos muy interesantes, creo que más cómodos (por perdedores perpetuos y por distancia temporal) que los fachas, a los que mola mucho ver como villanos de novelas de a 6 euros.

Tanto carlistas como fachas/franquistas son, en cualquier caso, unos buenos sacos de arena comehostias para que los héroes de nuestra imaginación se desquiten y hagan prevalecer valores más interesantes que los nac(z)ionales.

En La noche del vacío, los fans de Zumalacárregui y Carlos María Isidro de Borbón vienen que ni pintados para dar color a una España lovecraftiana-steampunk-andalusí que en nuestro plano de la existencia jamás existió pero quién sabe si en un universo paralelo es así, tal cual.

Crítica en tres palabras: Cortito y redondo.

PD: Me uno yo también a la petición de más ficción con carlistas (y añado, franquistas), que haberla hayla pero nunca sobran las ingloriousbasteradas.

Swastika Night, una distopía feminista de 1937

Demasiado bueno para no haber sido traducido / editado en España, la verdad.

Que se silencia por activa y por pasiva las voces de las mujeres es tan cierto que duele. Swastika Night (¿la noche de la esvástica?) va, precisamente, de cómo borrar la historia y aplastar a las que vinieron antes para que parezca que nunca estuvieron. También va de cómo revertir ese discurso, aunque se tarde generaciones en lograrlo.

La gracia principal del libro de Katharin Burdekin es que se publicó en 1937 y dibuja un mundo dominado por dos potencias mundiales, la Alemania Nazi y el Japón Imperial. En el momento de la narración, han pasado más de siete siglos desde la instauración del III Reich y parece que la cosa va palante (camino a los 1.000 años) y no tiene pinta de acabar. ¡Ojo! Publicado en 1937. Faltaban aún dos años para la invasión de Polonia por parte de la Alemania Nazi. ¡Hablando de visionarias…! Como nota adicional, y seguro que no os sorprende, se publicó inicial bajo el pseudónimo Murray Constantine. «Era otra época», ya sabéis.

La autora británica Katharine Burdekin

Distopía de género bajo la bota nazi

Swastika Night es una distopía fácilmente comparable a las tres clásicas, a la precursora Nosotros (Zamiatin, año 1921, ¡censurada en la URSS!) y a la más moderna Cuento de la criada. No voy a entrar si es mejor o peor que todas estas, pero me parece claro que debería tener, como mínimo, la misma consideración que la más famosa de todas ellas (que sería 1984, ¿no?). Con la de Atwood tiene en común la perspectiva feminista. En esta ucronía de nazis vencedores, las mujeres (y los cristianos) han sido degradados y no son considerados personas; los hombres de los pueblos subyugados sí son «personas», aunque nunca TAN humanos como un Nazi. Las mujeres sirven únicamente para dar a luz a los vástagos sanos del Reich; ni siquiera los cuidados más allá de los básicos que requieren los bebés los llevan a cabo ellas: a edad temprana, los niños son separados de sus madres.

También los hombres son sensiblemente diferentes, pero a todas luces muy parecidos, a los que somos hombres hoy en día. Como el género se construye y se performa, Burdekin nos muestra aquí cómo los nazis atribuyen características deseables como el pelo largo, sedoso y brillante a los jóvenes, y son incapaces de imaginar a una mujer llevándolo.

En una nota aparte, hablando un poco de teología, es «gracioso» todo el tema de Hitler como Dios a lo vikinguísimo THOR, mostrado como un RUBIAZO con BARBAZA en esculturas y lugares de culto (iglesias con forma de esvástica, lógicamente). De ahí también que mole que los niños tengan pelazo, claro. ¡Como lo tenía Hitler! ¿No? ¡Bueno, eso dice la tradición! Swastika Night no es una historia de revolución armada ni de resistencia heroica de las mujeres sino, más bien, de la construcción de la masculinidad / el género.

Como apuntes negativos, es cierto que se puede hacer un pelín pesado algún pasaje, porque hay más diálogos (de lejos) que acción, y algunos diálogos son un poco «pero qué me estás contando», aunque es lo mínimo. A mí me ha flipado mucho y desde la primera escena, donde los Nazis oyen cantar a un coro angelical odas al Dios Hitler, me enganchó. Swastika Night no es una historia de revolución armada ni de resistencia heroica de las mujeres sino, más bien, de la construcción de la masculinidad / el género. Por ahora solo la he encontrado en inglés, aunque imagino que en otros idiomas está disponible (pero no los hablo). Si tenéis la oportunidad, leedla. Es muy, muy buena, hace 80 años y ahora.

El Pacto (una historia de La Compañía Amable)

En la variedad está la diversión. El Pacto (una historia de La Compañía Amable) de Rocío Vega no es tu típica historia de espada y brujería pero vaya, ¡como si todo el ciclo de Conan hubiese tenido el mismo tono! 

La novela corta sigue los pasos de dos personajes secundarios que aparecían en los relatos de LCA, el maromo nórdico Alek y la poderosa aunque todavía sin explotar todo su poder al 100% Shavali.

Es una historia breve y por eso tampoco quiero destripar mucho de su contenido, pero dejo un par de pistas: me gusta mucho cuando los protagonistas de cualquier historia se encuentran a su reflejo obscuro/antagónico y se pelean, no puedo evitarlo, y me ha gustado también el juego de narradores, que además te toma por persona inteligente y no te pone quién habla al iniciar el capítulo como en Otras Novelas De Fantasía.

Además, Vega aprovecha para tocar otros temas de forma relativamente velada, como las relaciones sentimentales (¿qué es, si no un pacto, una pareja que se quiere y habla de que se quiere y de que quiere estar junta?).

Como decía al principio, no es la típica aventura épico-fantástica… pero si hasta Conan vivió un misterio al estilo del Cluedo en «El dios en el cuenco«, ¿por qué no puede haber una novela sobre quererse, aunque haya también duelos de mandobles y hechizos?

Puedes comprarlo en la tienda online de la Editorial Cerbero.

«—Todos ustedes, bots». ¿Tecnooptimismo? ¡No, gracias!

Uno de mis relatos favoritos del escritor polaco de ciencia ficción Stanisław Lem es ese en el que encargan a Ijon Tichy descubrir qué ha pasado con un computador superavanzado: se ha rebelado contra sus creadores, fundando un planeta exclusivamente habitado por robots y que, por supuesto, son hostiles hacia la humanidad.

Cuando Tichy llega al planeta, y después de varias peripecias, descubre que los robots que habitan dicho planeta son, en realidad, humanos que han ido ocultándose del computador disfrazándose de robots para evitar represalias. En su afán de pasar desapercibidos, son terriblemente beligerantes contra los seres humanos, más papistas que el papa eléctrico. Al final, por supuesto, se descubre que el tiránico ordenador antihumanos original es, desde el principio… un humano.

El cuento es muy divertido y tiene mucha más punta que sacar que este escueto resumen, pero me quedo con esa parte porque pienso mucho en ello cada vez que leo o escucho cosas sobre «algoritmos» o «bots«, esos entes casi abstractos que protagonizan titulares día sí y día también: los algoritmos nos van a quitar el trabajo, los algoritmos hacen que los niños vean vídeos nazis en Youtube, el partido político españolísimo Ciudadanos tiene un ejército de bots en Twitter para que parezca que son más de los que realmente son

¡El pan nuestro de cada día!

Este texto que estás leyendo bien podría tratar sobre que hay que pedir cuentas no a los bots y algoritmos sino, como en el cuento, a quienes están detrás de ellos, a quienes los han creado y a quienes se ocultan tras fórmulas matemáticas para no asumir consecuencias de sus actos.

Pero va a tratar sobre otra cosa.

Pesca de arrastre con redes sociales

No seré yo quien diga que los chavales de ahora es que están tontos con tanta pantallita, pero tampoco voy a dejar de decir, todo lo alto que pueda, que las redes sociales están desarrolladas para que nos resulten adictivas y, en consecuencia, tienen grandes probabilidades de machacarnos la salud y lo que no es la salud.

Si quieres fuentes sobre esto, tienes todas las que quieras.

Por supuesto, las redes sociales también han ayudado a gente.  Es innegable: grandes iniciativas han surgido de ellas, se han salvado vidas, y miles y miles de personas con dificultades para establecer relaciones han logrado hacerlo gracias a usar Twitter o Facebook para unirse con otras a miles de kilómetros.

Podríamos describirlas como la forma avanzada (o sea, posterior en el tiempo) de las relaciones epistolares. ¿Por qué no? Sin embargo, todas esas repercusiones positivas son daños colaterales. «Bugs», por así decir. Las redes sociales pueden ser estupendas, pero la idea que manejan a día de hoy los desarrolladores y altos cargos, últimos responsables, de las redes sociales más exitosas no es esa. No quiere crear herramientas para ayudarnos, aunque todo su marketing y relaciones públicas se basen en esa premisa; lo que buscan ahora mismo es que pasemos el máximo tiempo en sus aplicaciones, para que así hagamos click en los anuncios.

Que hagamos click. En los anuncios.

Click.

En los anuncios.

Click.

En anuncios.

No hace falta trabajar en una agencia de marketing, que también, para darse cuenta de la invasión de anuncios y propaganda en cualquier red de mínimo éxito. Además, como con los medios de comunicación, parece que usamos diferentes apps pero, al final, todas pertenecen a las mismas (pocas) personas.

«Estamos construyendo una distopía a base de intentar que la gente haga click en anuncios» – Zeynep Tufekci

Las implicaciones que tienen estos «modelo de negocio», como lo llaman ellos, son muchas. El vídeo que incrusto aquí es perfecto para explicar una de ellas. Si tenéis tiempo, os recomiendo verlo y leer a esta pensadora.

Si no tenéis tiempo, nos podemos quedar con el primer comentario que le han dejado: «People wonder why the political environment has been so polarized recently. It’s just a result of our online business models. Business is now the enemy of mankind, for it may bring upon our demise».

La gente se pregunta por qué el ambiente político se ha polarizado tanto en los últimos tiempos. Es, simplemente, el resultado de nuestros modelos de negocio online. Los negocios son el enemigo de la humanidad ahora, porque pueden traer nuestra perdición

-SirMikeys en Youtube

Efectivamente, SirMikeys, pero yo aún diría más: no son «los negocios», o por lo menos no son tan solo los negocios. Hacía referencia al principio de este artículo al ejército de bots de cierto partido político que juega a la polarización aunque luego dicen que no son ni de izquierdas ni de derechas, sino de C’sentro (comercial).

¿Robots vs. Humanos?

Aclaremos algo ahora de la mano de un artículo recién publicado (21 de mayo 2020) en El País. Como en el cuento de Lem, lo que hay detrás de los bots son personas con herramientas de automatización.

  • Analistas que identifican cómo conseguir hacer un trending topic
  • Técnicos que crean cientos, miles de cuentas
  • Redactores que escriben los tutis que van a publicarse
  • Agencias que ofrecen este servicio
  • Empresas, partidos políticos o particulares que lo contratan

Más info: https://elpais.com/tecnologia/2020-05-20/yo-fui-un-bot-las-confesiones-de-un-agente-dedicado-al-engano-en-twitter.html

Seres humanos del mundo, ¡uníos!

¡Vaya panorama!

Para el común de los mortales, combatir en igualdad de condiciones esta Guerra de los Clones es una quimera. Como a Ijon Tichy, se nos plantea un problema a todas luces desconcertante, con todas esas cosas incomprensibles operando ante nosotros sin que siquiera podamos comprender su naturaleza.

Y nos da ansiedad, o la apatía sustituye cualquier tipo de iniciativa, porque «no se puede hacer nada», «todo está perdido». Como si los agentes del mal no fuesen también humanos (con un flujo de pasta y poder mucho mayor que el nuestro, pero humanos).

Es absolutamente imposible conseguir la financiación que tiene un partido político de extremo C’sentrVoX o jugar a «ganarle a Google» cuando Google cambia a placer y sin previo aviso las fórmulas que hacen que posicione y me recomiende vídeos de voces antifeministas porque he estado viendo vídeos de Anita Sarkeesian.

Además, el feed de Twitter o Facebook al que estamos enganchados no ayuda nada: las plataformas premian el salseo. ¿Piensas que se puede evitar que la gente cite tuits socarronamente? ¿Podremos tener debates sosegados algún día? ¡Claro que sí! ¡Ojalá nos escuchasen! ¡Twitter debería dar marcha atrás y desactivar esa funcionalidad que lo único que consigue es exponer a quien dice lo que sea! Pero seguramente se habrán dado cuenta de que genera engagement, interacciones, así no lo hará. Hale, a ver solo malísimas noticias, flames y al brasas de «Arden las redes» opinar sobre cualquier cosa, que es lo que da RTs y «genera conversación». ¡Lo siento!

No os voy a decir que hay qué es lo que hay que dejar de hacer o qué es lo que hay que hacer, pero sí me gustaría señalar que hay otros mundos pero están ahí fuera, y os aseguro que Ijon Tichy no se convirtió en un robot para derrotar a los robots. En realidad, estas casi 2.000 palabras no las estoy escribiendo para ti, que me lees, sino primero para mí, porque necesito ponerme un poco en orden algunas ideas y, luego, si ves que algo te cuadra, entonces sí, es para ti.

Obviamente, las redes sociales tienen cierta utilidad, pero hay otras maneras de hacer cosas, lejos de herramientas con lógica de tragaperras, ni están llenas de bots de partidos políticos.

Se me ocurren, por ejemplo:

  • Cuando hay un deshaucio y la PAH lo anuncia por redes sociales, en lugar de hacer RT (o además de) puedo pasarme a echar una mano.
  • Lo más probable es que no puedas hacerlo porque tengo que trabajar y los deshaucios pillan lejos, pero no pasa nada, la PAH o el Sindicato de Inquilinas quedan también por las tardes y puedo ir a echar una mano con lo que necesiten.
  • A lo mejor no tengo ni idea de tema de vivienda y (todavía) no me afecta, pero no pasa nada: cuando hay festivales como el AnsibleFest, que están marcando la tendencia,  voy a disfrutar de ellos.
  • Si el AnsibleFest me ha pillado muy lejos de Bilbao, no pasa nada: puedo hablar de ello a mis allegados, sobre todo aquellos que no sabían que existen los festivales feministas de ciencia ficción. ¡Así doy a conocer espacios nuevos, donde pensar de forma diferente!
  • A lo mejor no me gusta la ciencia ficción pero sí otro tipo de lecturas. Pruebo a apoyar a autoras emergentes y autoras consolidadas comprando sus libros en lugar de seguir apostando por los mismos autores de siempre.
  • Tampoco hace falta leer si no quiero, o no me gusta. Dejemos de lado la cultura: a lo mejor vale con que vaya a alguna manifestación que crea importante, por ejemplo por la sanidad o la escuela pública, o la manifestación feminista del 8 de marzo, o ahora que lo tenemos cada vez más presente, contra el cambio climático.
  • Si no quiero o no puedo hacer eso, siempre puedo ir a votar, que es una cosa que no suele suponer un gran esfuerzo. Hay partidos ahí fuera que no son de ultra derecha, y no va a ser mala cosa que un partido de ultraderecha quede fuera del Parlamento.
  • Si no tengo edad o no creo en la democracia vía voto-cada-cuatro-años, no pasa nada: votar es una cosa que se hace un par de veces cada 4 ó 5 años. Puedo apuntarme a alguna asociación de vecinos en el barrio y ayudar a la gente joven y a la gente mayor que vive junto a mí.
  • Hay muchas iniciativas estilo Asociaciones Vecinales. ¡Me informo y hago de mi barrio un sitio mejor!
  • A lo mejor socializar se me hace bola, y es comprensible. Siempre puedo ir a casa de tus padres de vez en cuando y conversar con ellos de los temas que les preocupan, para que su única fuente de información sobre qué pasa en el mundo no sea la Cope o La Sexta.
  • ¿Paso mucho tiempo en el trabajo? ¿He pensado en hablar con mis compis y ver cómo podemos tratar de mejorar nuestras condiciones? ¡Se ha conseguido muchas veces antes! ¡Por qué no intentarlo!
  • En ese sentido, los Sindicatos (CNT, CCOO…) son clave para mejorar las condiciones laborales y cohesionar a los curritos. Si tienes un sindicato que apoye a tu sector, habla con ellos.
  • Sigo usando redes sociales, ¡por supuesto! Sirven para unir, y lo que ha unido Internet que no lo separe un post random (en el mismo internet).
  • Tampoco hace falta que haga nada activamente todo el rato, pero si veo que alguien es racista en el metro, podría llamarle la atención. Un mínimo, ¿verdad?
  • Si eso me parece arriesgado, seguro que se me ocurre alguna forma de hacer que el mundo sea un poquito menos malo de lo que es ahora mismo para todo el mundo.
  • Y una cosa que me ayuda mucho: siempre miro a ver, porque hay mucha gente intentando hacer cosas buenas, y eso me pone de buen humor.

Si te fijas, casi todas las propuestas anteriores tienen que ver con relacionarnos activamente, de un modo o de otro, con la gente de nuestro alrededor; de hacer piña y tirar palante, de ayudar aquí y allá, de volver a algunas cosas básicas que a veces se olvidan, cosas que no pueden hacer los bots, ni los algoritmos, porque ni los bots ni los algoritmos nos van a salvar (¿Tecnooptimismo? ¡No, gracias!), pero, con un poco de suerte, tampoco serán quienes nos condenen.

Redes sociales públicas: una propuesta

No quiero dejarme por el camino una idea para darle la vuelta al funcionamiento de las redes sociales actualmente: la creación de redes sociales públicas, que no pertenezcan a una empresa sino de una Administración pública y que, por lo tanto, no dependan de lógicas de mercado.

Si tenemos teles pública, ¿por qué no redes sociales públicas? No tendrían por qué tener publicidad porque su modelo de negocio no sería ese, y por lo tanto no minarían nuestros datos para luego vendérselo a publicistas. Como no necesitan vender que tiene millones de impresiones por segundo para convencer a las empresas de que deben publicitarse en ellas, se acaba la necesidad de generar ‘engagement’ a base de flames e indignación.

¿Suena bien? A mí, de lujo.

En realidad, también puedo no hacer absolutamente nada de lo anterior. Al fin y al cabo, ¿qué impacto tienen las decisiones y acciones personales individuales? Ante esta pregunta, solo me queda recordar a un chaval joven, que estaba empezando: Frodo Bolsón (y Gollum, claro), que era el más insignificante de todos y sin embargo el camino que recorrió fue decisivo… pero no lo recorrió solo, sino con ayuda de sus amigos.

Hay otros mundos, pero están lejos de este: ‘Gamusinos’ (Raquel Froilán) y ‘El informe Monteverde’ (Lola Robles)

Dos autoras, dos libros.

Dos aproximaciones diferentes a una idea: «cómo podría ser (y qué podría pasar en) el planeta habitado más alejado del Universo conocido».

Dos historias de ciencia ficción / ficción especulativa recomendadísimas.

gamusinosGamusinos, de Raquel Froilán

El protagonista de Gamusimos sufre las consecuencias de un crimen que sí cometió: es «ascendido» a cubrir un puesto de atropólogo en un planeta del extrarradio plus ultra. No sé qué tipo de sociedad es esta en la que no te pueden echar y tienes que seguir trabajando sí o sí, pero me da muchísimo miedo.

El caso es que el castigo del individuo que se sale de la normal social es tan solo una excusa para obligar al pobre personaje a sufrir un larguísimo viaje hasta el sitio donde Cristo perdió el mechero, donde vivirá no tanto apasionantes aventuras sino más bien terribles situaciones, condenado a un exilio que, a priori, parece peor que la muerte.

Desde el título se puede intuir la querencia de la autora, Raquel Froilán, por la comedia, el humor y el cachondeo sano. Gamusinos es un libro divertido, con mucho humor negro pero también con un ritmo, una velocidad y unos giros (atención a los pasajes telepáticos) que a ratos hacen que parezca una (buena) sitcom de ciencia ficción.

Además, tiene uno de los elementos que más gracia me hace ver en una historia futurista: la caza deportiva, epítome de la masculinidad chunga (el hombre contra la naturaleza pero en desigualdad de condiciones, no vaya a ganar el animal. Como el toreo).

informe monteverde lola robles

El informe monteverde, de Lola Robles

La lingüista Rachel Monteverde viaja al planeta Aanuk, el «Planeta Paraíso» por su clima y paisaje. El interés de Monteverde es conocer y estudiar la cultura e idiomas de los dos pueblos que habitan Aanuk: uno tribal y nómada, otro ciego y recluido en cuevas.

Si a veces es difícil entender a la gente en nuestro mismo idioma, imagina hacerlo con alguien de un planeta que está en los confines de la galaxia, el último habitado por seres (que podemos entender que son más o menos) humanos.

El informe Monteverde es bonito, suave, ligero como la hoja que cae y planea un poco antes de aterrizar en un lecho de otras hojas que ya habían caído aunque el otoño solo acaba de empezar.

Lola Robles te sonará de Yabarí o En regiones extrañas: un mapa de la ciencia ficción, lo fantástico y lo maravilloso.

Y ahora, una canción

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But I guess I’m already there

Bienvenidos al bizarro, sea lo que sea eso

En esta casa somos muy fans de Tamara Romero (como se puede ver aquí o aquí) y si hay que comprarse un libro con otros 10 relatos de diferente autoría pues nos lo compramos y listo.

En este caso, Bienvenidos al bizarro.

No empecé a leerlo por el principio, ansia viva, sino por el de Romero, lógicamente.

En su relato encontré de nuevo esa extraña mezcla que transforma plomo en oro, su «te cuento una movida imposible de una forma tan natural que estás metido en el tema desde la primera frase». Yo probaría leerme algo suyo de lo que tiene por ahí colgado en la Interwebs y luego le daría una oportunidad porque es muy resultón todo lo que tiene.

Luego me leí los demás y en fin.

Baste decir que me lo he dejado a medias, que me apetece más leerme otras cosas.

Bienvenidos al bizarro, sea lo que sea eso, todo o nada, según

Como decía, hay otros 10 relatos además del de Romero.

A mí me gustan los libros de relatos porque tienen un hilo conductor y si no te gusta uno pasas al siguiente, pero con este sentía que todo estaba un poco ahí empastichado. Al final, es un poco esto: perfectamente pueden no gustarme el 100% de relatos de una antología, pero aquí además me tiraba algo de la sien, algo me decía «¿EIN?»

El de Jeremy Robert Johnson lo cogí con ganas porque me flipó su Ciudad Revientacráneos y bueno, este la verdad es que sin más, muy sin más. El prota es un personaje que sale en Ciudad Revientacráneos, pero me ha dado bastante igual.

El segundo relato, de D. Harlan Wilson me gustó bastante más y a partir de ahí todo pabajo. Ni el de los robots que son como Miley Cyrus y hacen twerking, ni el de las pequeñas miss ultrasonido… uf. El de Laura Lee Bahr (no conseguí terminarme su Fantasma) no estaba mal pero sí que me hacía preguntarme qué hacía junto a las gigantes o al del señor que se saca el cerebro porque está de moda hacerse modificaciones extremas.

Marketing bizarro

Es obvio que se está intentando crear un cierto rollo en torno al concepto de «literatura bizarra» o «género bizarro» y el editor de Orciny Press se lo está currando, pero no cuela, o cuela regular.

El prólogo / introducción de Bienvenidos al bizarro intenta establecer una serie de características comunes para el género. Lo que pasa es que si levantas un poco la mano cabe cualquier cosa, y al revés, bien forzado nada es puramente bizarro.

Me recuerda un poco al movimiento Dogma, que según propusieron la forma de hacer las pelis, se saltaron sus propias reglas. No es que hayan hecho lo mismo; me refiero a la parte de que para este viaje no hacían falta alforjas.

Yo me imagino a mí mismo con una cajita muy pequeña que pone «bizarro» y estoy cargando con 18 libros y joder, tienen que entrar en la puta cajita bizarra, así que los meto a presión y a martillazos y algunos entran y otros entran a medias y otros solo un cacho pero YO QUIERO QUE ESTÉN EN LA CAJITA QUE PONE «BIZARRO». Lo que comentaba antes de sentir que era un poco pastiche todo.

Obviamente, is very difficult todo esto de las etiquetas y los géneros.

Tengo un libro editado por Bruguera que costaba en su día 125 pesetas que se llama HÉROES BÁRBAROS que es una recopilación de relatos de espada y brujería. En la contraportada, el editor nos explica un poco qué es eso de la espada y brujería (el libro es de hace más de 40 años, como habréis deducido por el precio justo en las antiguas pesetas) y la verdad es que visto con perspectiva es, a la vez, gracioso y pan nuestro de cada día.

Con Margaret Atwood, ahora super de moda gracias a la serie y reedición de El cuento de la criada, ha habido movida también porque ella dice que lo suyo es ficción especulativa pero las chavalas insisten en llamarlo ciencia ficción feminista y entonces la autora dice «bueno feminismo si lo entendemos como X e Y» y entonces el editor dice «vale pues ficción especulativa y ciencia ficción».

Con el bizarro pasa un poco lo mismo, pero la verdad es que es descarao cómo este posible/supuesto/nuevo género literario es, en realidad, una maravillosa estrategia de marketing.

Esto, por supuesto, no es una cuestión que sufra solamente la literatura. Si estáis metidos en temas de precisamente marketing sabréis que hay muchísimo humo vendido con lacitos y nombres extravagantes que en realidad no dicen nada pero pretenden ser La Última Movida Tremenda. Inbound Marketing, qué me estás contando. De aquí podemos pasar al coaching o la autoayuda: Seducción científica, ¿qué cojones es eso? No pares, sigue, sigue.

Conclusión: Si aceptamos que «género bizarro» es un concepto que en realidad no dice nada, pues acabaré leyéndome algunas cosas con esta etiqueta y otras pues no. Me seguiré, eso sí, guiando por las sinopsis, por lo que me digan los colegas y lo que me diga mi librero, porque como me tenga que fiar de los editores voy dado. Larga vida a las cosas wapas, se adapten al género de moda o no.

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