Demasiado bueno para no haber sido traducido / editado en España, la verdad.

Que se silencia por activa y por pasiva las voces de las mujeres es tan cierto que duele. Swastika Night (¿la noche de la esvástica?) va, precisamente, de cómo borrar la historia y aplastar a las que vinieron antes para que parezca que nunca estuvieron. También va de cómo revertir ese discurso, aunque se tarde generaciones en lograrlo.

La gracia principal del libro de Katharin Burdekin es que se publicó en 1937 y dibuja un mundo dominado por dos potencias mundiales, la Alemania Nazi y el Japón Imperial. En el momento de la narración, han pasado más de siete siglos desde la instauración del III Reich y parece que la cosa va palante (camino a los 1.000 años) y no tiene pinta de acabar. ¡Ojo! Publicado en 1937. Faltaban aún dos años para la invasión de Polonia por parte de la Alemania Nazi. ¡Hablando de visionarias…! Como nota adicional, y seguro que no os sorprende, se publicó inicial bajo el pseudónimo Murray Constantine. “Era otra época”, ya sabéis.

La autora británica Katharine Burdekin

Distopía de género bajo la bota nazi

Swastika Night es una distopía fácilmente comparable a las tres clásicas, a la precursora Nosotros (Zamiatin, año 1921, ¡censurada en la URSS!) y a la más moderna Cuento de la criada. No voy a entrar si es mejor o peor que todas estas, pero me parece claro que debería tener, como mínimo, la misma consideración que la más famosa de todas ellas (que sería 1984, ¿no?). Con la de Atwood tiene en común la perspectiva feminista. En esta ucronía de nazis vencedores, las mujeres (y los cristianos) han sido degradados y no son considerados personas; los hombres de los pueblos subyugados sí son “personas”, aunque nunca TAN humanos como un Nazi. Las mujeres sirven únicamente para dar a luz a los vástagos sanos del Reich; ni siquiera los cuidados más allá de los básicos que requieren los bebés los llevan a cabo ellas: a edad temprana, los niños son separados de sus madres.

También los hombres son sensiblemente diferentes, pero a todas luces muy parecidos, a los que somos hombres hoy en día. Como el género se construye y se performa, Burdekin nos muestra aquí cómo los nazis atribuyen características deseables como el pelo largo, sedoso y brillante a los jóvenes, y son incapaces de imaginar a una mujer llevándolo.

En una nota aparte, hablando un poco de teología, es “gracioso” todo el tema de Hitler como Dios a lo vikinguísimo THOR, mostrado como un RUBIAZO con BARBAZA en esculturas y lugares de culto (iglesias con forma de esvástica, lógicamente). De ahí también que mole que los niños tengan pelazo, claro. ¡Como lo tenía Hitler! ¿No? ¡Bueno, eso dice la tradición! Swastika Night no es una historia de revolución armada ni de resistencia heroica de las mujeres sino, más bien, de la construcción de la masculinidad / el género.

Como apuntes negativos, es cierto que se puede hacer un pelín pesado algún pasaje, porque hay más diálogos (de lejos) que acción, y algunos diálogos son un poco “pero qué me estás contando”, aunque es lo mínimo. A mí me ha flipado mucho y desde la primera escena, donde los Nazis oyen cantar a un coro angelical odas al Dios Hitler, me enganchó. Swastika Night no es una historia de revolución armada ni de resistencia heroica de las mujeres sino, más bien, de la construcción de la masculinidad / el género. Por ahora solo la he encontrado en inglés, aunque imagino que en otros idiomas está disponible (pero no los hablo). Si tenéis la oportunidad, leedla. Es muy, muy buena, hace 80 años y ahora.